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jueves, 20 de agosto de 2009

La irresistible atracción por el desierto

Pese a su naturaleza agreste y hostil, o quizá precisamente por ella, los desiertos me han resultado siempre un atractivo lugar al que viajar, aunque en realidad los he conocido muy poco y no he hecho, todavía, ningún viaje “al desierto”.

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Pienso en ellos porque he encontrando en Odee, un peculiar blog de listas del que creo que ya les he hablado, un post sobre los 10 desiertos más fascinantes del mundo que me hace desear una vez más viajar y fotografiar a alguno de ellos, especialmente a ese cercano y al mismo tiempo tan lejano Sahara.

Y eso que el Sahara ha sido de lo poco que he visto del desierto, obviamente en mi viaje a Egipto en el que la presencia del desolado mar de piedra y arena es una constante, aunque sea como fondo del decorado, aunque los templos y el propio Nilo le hurten el protagonismo.

Sin embargo el desierto siempre está ahí, unos metros más allá de las Pirámides, si levantamos la vista por encima del vergel de las orillas cuando navegamos por el río, incluso nos adentramos literalmente en él (un desierto lleno de turistas, que no es lo mismo, claro) al visitar lugares como el Valle de los Reyes o el impresionante templo de Hapshetshut.

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Incluso en algunas partes del viaje el Sahara se yergue en protagonista, aunque la mayor parte de los turistas no se preocupen en apreciarlo: es el caso del trayecto entre Asuán y Abú Simbel, sobre el que ya publiqué un artículo y en el que, para los que sepan apreciarlo, contemplar la inmensa desolación del desierto, su aparente y demoledor vacío, resulta un auténtico placer.

Desiertos que están (o estuvieron) llenos

Aunque casi ninguno lo esté realmente, hay desiertos que traicionan a su denominación con una rica historia, épocas en las que estaban llenos de gente cuyos vestigios todavía podemos encontrar y que hace que nos preguntemos cómo podían vivir allí y, sobre todo, qué comían y bebían.

Es el caso de uno de los puntos más famosos del desierto de Judea, Masada, de la que también he escrito por aquí y que está en uno de los lugares más desolados y bellos que he conocido en mi vida. Un desierto que tiene además la ironía de tener un lago con abundante agua… pero que ésta esté más que salada: desde la propia Masada la vista alcanza a contemplar ese otro peculiar desierto acuático que es el Mar Muerto.

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¿Hay que viajar tan lejos para conocerlos? No, desde luego, en España tenemos zonas como Los Monegros (al menos hasta que construyan allí Las Vegas baturras, si es que al final lo hacen), la hollywoodiense Almería y una zona que no sé si es propiamente un desierto pero cuyo paisaje, con esa desolación oscura y bella, transmite sensaciones muy similares: Timanfaya y su rocosa soledad, un lugar absolutamente mágico, minúsculo comparado con el Sahara, pero que se nos presenta con la misma grandiosidad, con esa inmensidad que quizá sólo los desiertos pueden hacernos sentir.

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FOTOS
Vean mis fotografías de Timanfaya en Flickr.
Y también las de Masada.
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jueves, 5 de febrero de 2009

César Manrique, un imprescindible de Lanzarote

Pocos artistas tendrán, en todo el mundo, un vínculo como el que César Manrique tuvo con Lanzarote, y en pocos lugares habrá un artista que haya dejado una impronta tan destacada y perdurable como la que Manrique dejó en su tierra, hasta el punto de que hoy por hoy sus obras son uno de los principales reclamos turísticos para los que llegamos a la isla canaria.

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Hay por lo menos media docena de lugares creados por Manrique en Lanzarote que, unos con mayor interés que otros, justifican una visita. Además, obras del artista y arquitecto también están en lugares en los que no son el principal atractivo, pero no por ello dejan de ser importantes: estoy pensando en el hermoso restaurante del Parque Nacional de Timanfaya. En conjunto, no está nada mal para una isla que, al fin y al cabo, es más bien pequeñita.

Probablemente la más famosa de todas las obras de Manrique son los Jameos del Agua, un lugar que resume muy bien el espíritu del artista no sólo desde el punto de vista estético, sino también por lo que se refiere a cómo entendía su labor: lo que ahora contemplamos como un hermoso rincón de la isla era tan sólo un vertedero cuando Manrique se fijó en él.

Como no todo el mundo lo sabrá les explicaré que un jameo es el túnel natural que la lava más caliente crea durante una erupción al atravesar zonas de lava que ya se había enfriado. Los Jameos del Agua son a pesar de su nombre plural un único y enorme jameo que el artista acondionó con la elegancia que encontramos en la mayoría de sus obras y esa mezcla de modernidad y tradición que también es un sello propio.

La visita resulta un poco cara (8 euros la entrada de adulto) pero desde mi punto de vista vale la pena conocer el lugar y recrearse en los pequeños detalles: los asientos de las barras hechos con rocas volcánicas, el diseño de las escaleras, el increíblemente transparente agua del gran jameo, la imagen caribeña de la piscina...

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Además, tiene algo de visita mágica a las profundidades de la tierra, unas profundidades sobre las que podrá aprender mucho en la Casa de los Volcanes, un espacio dentro del complejo de los Jameos dedicado a esas inmensas calderas de la naturaleza cuya fuerza es todavía muy evidente en Lanzarote a pesar de que llevan ya muchos años en silencio
y que nos ofrecen alguno de los rincones más bellos de la isla, incluso alguno de los más bellos que veremos en nuestra vida.

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miércoles, 29 de octubre de 2008

Los bares, las bebidas y el vino como atracción turística

Recibo en mi oficina una nota de prensa que cuenta que la atracción turística más visitada de Irlanda es la antigua fábrica de la Guiness, que desde el año 2000 está abierta al público como museo de la conocidísima marca de cerveza negra y que llevaba en servicio desde 1759, nada más y nada menos. Por si el atractivo de la fábrica y de la marca no fuesen suficientes, al parecer la fábrica (en la que no he estado) cuenta con un bar en su último piso que ofrece unas llamativas vistas panorámicas de Dublín.

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Además de despertar mi curiosidad y las ganas de conocer el museo (y eso que no me gusta mucho la cerveza negra) la nota me ha hecho pensar en que el mundo de las bebidas alcohólicas se está convirtiendo en otra excelente excusa para viajar, conocer y ampliar nuestra cultura.



Bueno, en realidad no creo que nadie viaje a Dublín sólo por conocer el lugar donde durante más de dos siglos se fabricó la Guiness, pero sin embargo los famosos pubs de la ciudad sí suelen ser uno de los motivos que la gente tiene para visitarla (aunque puede que no todos lo reconozcan). Sin embargo, alrededor del vino sí que se está generando toda una industria turística que nos puede llevar por bodegas, denominaciones de origen, rutas...

Es lo que se ha dado en llamar enoturismo, y que supone un sector tan en alza como para que aparezcan páginas como Viajeros del vino, que lleva ya un año en Internet dando cuenta de una forma de viajar que ofrece muchas posibilidades, desde el gran lujo de los hoteles - bodega como el del Marqués de Riscal hasta ideas mucho más modestas y asequibles, pasando por la última moda de la vinoterapia.

Oporto

En mi caso, he visitado alguna bodega en mis viajes, pero las que más recuerdo (y las que más "montado" tenían el tema) son las de los vinos de Oporto, en la bella ciudad portuguesa. Aunque lo justo sería decir en Vila Nova de Gaia, la localidad justo en la otra orilla del Duero donde están todas las grandes bodegas de un vino que, pese a su nombre, tampoco se cría en las cercanías sino a bastantes kilómetros aguas arriba, en el interior de Portugal.

Cuando visité Oporto en un extraordinariamente caluroso mes de agosto las bodegas no sólo eran una visita interesante por sí mismas, que lo son, sino que su fresco ambiente las hacía aun más atractivas para el acalorado turista, así que nos costó poco decidir que teníamos que visitar una. Hay un montón de ellas y todas tratan de captar visitantes, pero elegimos una de las más conocidas y con más historia, las de la firma Sandeman, cuyo logo siempre me ha parecido uno de los mejores diseños de la historia.

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Lo más curioso de la visita fue que por cuestiones de horarios la hicimos con un grupo de italianos y, por supuesto, con un guía que nos hablaba en italiano (hay visitas en un montón de idiomas y también en Español, pero nos venía fatal) a pesar de lo cual entendimos prácticamente todo, supongo que la mezcla de italiano y acento portugués es especialmente comprensible para oídos hispanos, por alguna razón que desconozco.

Nos explicaron cómo se elabora el vino, las características de las tierras en las que se cultiva, como nació la industria del vino de Oporto y su relación con Inglaterra... un montón de cosas interesantes, en suma, y como suele suceder en estos casos, al final probamos alguno de los caldos de la casa, estrategia infalible para que todos acabásemos pasando por caja para llevarnos una o dos botellitas a casa.

La Geria

El caso de la región vitivinícola de Lanzarote, La Geria, es un tanto especial, pues en pocos lugares la cultura del vino ha creado un paisaje tan especial y espectacular que merezca una visita. Además, también hay varias bodegas que conocer, yo mismo estuve en las de la marca El Grifo, la más antiguas de la isla.

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Pero eso, que también es muy interesante, se lo contaré otro día...

PD.: Olvidé decir que la foto de la fábrica Guiness la he tomado de su página web.

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domingo, 7 de septiembre de 2008

Personajes de mis viajes: el barbero de Haría

Haría es un pequeño pueblo en el norte de Lanzarote, en el interior de la isla, en un valle que es conocido como "el de las mil palmeras" por la obvia presencia de muchos de estos árboles, que lo convierten en un pequeño e insular Elche con acento canario.

Haría no es espectacular, no es uno de esos paisajes que nos impresionan y estremecen como la no tan lejana Timanfaya, pero sí tiene algo de la belleza de esos lugares en los que la naturaleza y el hombre conviven con una armonía especial.

El pueblo tiene un casco urbano algo disperso de casas bajas encaladas y con puertas y ventanas de madera pintada en verde. En el centro, su plaza es algo peculiar, ya que más que una plaza es como una ancha calle peatonal en la que han plantado una pequeña iglesia de un estilo un tanto indefinible y que parece relativamente reciente. Lo mejor de la plaza son los tremendos árboles de casi cien años que le dan una sombra tan densa como fresca en la que los jubilados pasan las horas y los días.

Justo cuando dejaba la plaza un hombre me llamaba con gestos y aspavientos varios desde la puerta de una casona vieja, una puerta que se partía por la mitad y le permitía apoyarse de forma que desde allí oteaba con total comodidad el pasar de la gente por ese punto, uno de los más concurridos del pueblo.

Atendiendo a la apremiante llamada entré en la casona descubriendo que se trataba de un edificio bastante peculiar: su interior era una única habitación rectangular, no demasiado grande pero muy alta pues llegaba al techo, sustentado por unas vigas de madera de aspecto no demasiado nuevo. Más o menos en el centro de la destartalada estancia un sillón de peluquería de los de antes, rodeado todavía de los pelos del último corte, y con un espejo viejo enfrente.

Y en el centro nuestro personaje, indicándome, de nuevo por medio de gestos, las copas que había en varios lugares de la habitación y los recortes de periódico en los que se le ve, mucho más joven, practicando la lucha canaria. Le pregunto su nombre y entonces dice, de nuevo por gestos, que es sordomudo, momento en el que lo único que puedo pensar es "vaya situación". No me siento capaz de desarrollar una conversación, pero se me ocurre pedirle permiso a mi anfitrión para sacarle una foto a lo que éste accede visiblemente encantado, se coloca junto al sillón posando como un auténtico profesional y, tratando de captar en mi encuadre lo más que pueda de la barbería, le saco esta foto:

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Cuando se la enseñé le gustó bastante y a mí también me gustó, sobre todo cuando más tarde la vi en el ordenador a un tamaño mayor. Tengo pendiente mandarle una copia para que la cuelgue de la pared, como otro de sus trofeos.

Después de la foto le di las gracias con un cálido apretón de manos y me marché con la sensación de que había conocido a todo un personaje que, lamentablemente, no podía contarme su historia aunque, al menos, creo que algo de esa historia que yo tampoco sé contarles está en la foto.
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miércoles, 6 de agosto de 2008

Timanfaya (I): cuando el infierno es un paraíso para los ojos

Una pareja de amigos están pasando una semana de vacaciones en Lanzarote (casualmente, en el mismo hotel que nosotros) y, aunque en principio su plan es sobre todo relajarse y descansar, el otro día me pedían consejo sobre qué lugares de la isla visitar.

- Si sólo vais a un sitio - les dije sin pensármelo un segundo - que sea a Timanfaya.

Casi toda la isla de Lanzarote es hermosa, y las partes que no resultan interesantes, pero sin duda Timanfaya es algo especial, es un lugar único y tan excepcional y hermoso que sólo por él valdría la pena un viaje desde la península.

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Como muchos de ustedes sabrán, Timanfaya es el resultado de una serie de violentísimas erupciones volcánicas que arrasaron buena parte (aproximadamente un tercio) de Lanzarote hace casi 300 años. Concretamente, la actividad volcánica empezó el 1 de septiembre de 1730, y se prologó casi ininterrumpidamente durante la friolera de seis años. Aquellas erupciones (y las posteriores en 1824) cambiaron para siempre el paisaje de la isla y, aunque entonces significaron la ruina, el hambre y la necesidad de emigrar para muchos conejeros, pues la lava arrasó la parte más fértil de la isla, hoy suponen, paradojas de la vida, un tesoro turístico impagable.

La necesidad de conservar ese tesoro hace que la excursión al Parque Nacional sea algo peculiar: tras un primer trayecto que debe hacerse en coche todos los visitantes suben a un autobús con el que se hace un circuito de algo más de media hora por uno de los caminos del parque. Está terminantemente prohibido bajarse del autocar (algo que, además, el conductor no permitiría) y todo lo más a lo que se puede aspirar es a que el conductor se detenga unos instantes para que podamos hacer una fotografía con la cámara pegada al cristal para tratar de eliminar los reflejos.

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A pesar de ese formato tan encorsetado la visita es sobrecogedora y, además, yo tuve la fortuna de obtener un permiso especial que me permitió visitar el parque con la compañía de un guía y con la posibilidad de bajar del coche cuando lo desease. Así, madrugando bastante para adelantarnos a los autobuses de los turistas y tratando de tener una luz adecuada para las fotos (cosa no del todo lograda "gracias" a la famosa calima) recorrí parte de Timanfaya con la lentitud y la tranquilidad que merece, rodeado por un silencio espectacular y sintiendo lo excepcional del momento que tenía la suerte de vivir.

Caminando sólo por Timanfaya uno tiene la sensación de estar en otro planeta, de encontrarse en un lugar en el que uno mismo y cualquier otra presencia humana es un mero accidente transitorio. La desolación te rodea y es una desolación dura, oscura, agresiva; las formas y los colores de la lava, omnipresente, parecen asaltarte y no te sientes abandonado en la inmensidad como en un desierto, sino rodeado por una inmensidad que está en contra tuya. Y como en el desierto ocurre con la arena, parece que nada podrá nunca enfrentarse al dominio de la lava.

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Otra particularidad de Timanfaya es que, pese a que hace menos de 300 años que ese paisaje se ha creado, inmersos en él tenemos la sensación de enfrentarnos a algo de hace milenios, supongo que porque consciente o inconscientemente relacionamos la lava y lo volcánico con algo primitivo, primigenio. O quizá sea por que un paisaje así nos conecta con lo más profundo de nuestro planeta, o por que nos hace sentir la fragilidad de todo lo que nos parece seguro y que una noche, como contaba Andrés Lorenzo Curbelo, el cura de Yaiza, puede ser tragado, literalmente, por la Tierra:

El 1º de Septiembre (de 1730) entre las nueve y diez de la noche la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diez y nueve días. Pocos días después un nuevo abismo se formó y un torrente de lava se precipitó sobre Timanfaya, sobre Rodeo y sobre una parte de Mancha Blanca. La lava se extendió sobre los lugares hacia el Norte, al principio con tanta rapidez como el agua, pero bien pronto su velocidad se aminoró y no corría más que como la miel. Pero el 7 de septiembre una roca considerable se levantó del seno de la tierra con un ruido parecido al del trueno, y por su presión forzó la lava, que desde el principio se dirigía hacia el Norte a cambiar de camino y dirigirse hacia el NW y WNW. La masa de lava llegó y destruyó en un instante los lugares de Maretas y de Santa Catalina, situados en el Valle. El 11 de Septiembre la erupción se renovó con más fuerza, y la lava comenzó a correr. De Santa Catalina se precipitó sobre Mazo, incendió y cubrió toda esta aldea y siguió su camino hasta el mar, corriendo seis días seguidos con un ruido espantoso y formando verdaderas cataratas. Una gran cantidad de peces muertos sobrenadaban en la superficie del mar, viniendo a morir a la orilla. Bien pronto todo se calmó, y la erupción pareció haber cesado completamente.

Y toda esta belleza es el fruto de aquel infierno y aquella desolación; y todo aquel infierno es ahora un paraíso para nuestra atónita mirada.
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martes, 29 de julio de 2008

Mis fotos: Famara, Lanzarote

Tercera entrega de mis fotografías viajeras, de nuevo "nacida" de mi último viaje a Lanzarote. En esta ocasión la elegida es Famara, con su impresionante playa y el ambiente irresistiblemente marinero de Caleta de Famara, uno de más encantadores pueblecitos que he conocido nunca.



Como siempre, gracias a Pictobrowser por su útil herramienta.
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miércoles, 16 de julio de 2008

Hoteles que me gustaron: Papagayo Arena, Lanzarote

Ya les he hablado varias veces de mis vacaciones lanzaroteñas de hace unos meses (y más que les hablaré en un futuro) y hoy quiero hacerlo del hotel que elegimos y en el que estuvimos toda una semana: el Sandos Papagayo Arena.

Entrada al hotel.

Se trata de un establecimiento claramente enfocado a un turismo familiar y tranquilo, a quien busque unos días de descanso en los que, como se dice popularmente, "se lo den todo hecho". Si eso es lo que espera de sus vacaciones no lo dude: allí lo encontrará.

Está situado al sur de Lanzarote, en la zona de Playa Blanca, siendo el último de los grandes hoteles que se asoman a la costa en esta zona. Estar "el último de la fila" lo hace un poco más dificil de encontrar pero le da, supongo, un plus de tranquilidad.

Muchas de sus habitaciones dan a las propias piscinas del hotel y a las diversas zonas de esparcimiento, pero desde ellas también se ve el mar (y quiero decir que se ve, no que alargando el cuello subido a una silla vemos una esquinita) y, por supuesto, hay también bastantes habitaciones que están en primerísima línea de playa, desde las que podrá oir el rumor de las olas cuando se acueste en la cama.

Ya que hablamos de las habitaciones, ese es otro de los puntos fuertes del hotel: son amplias y cómodas, realmente confortables y pueden ser ocupadas por una pareja y uno o dos niños pequeños sin ningún problema. Además, el servicio es también de calidad y se mantienen en un estado de limpieza realmente impecable.

LA COMIDA
Lo más recomendable de este tipo de hoteles, creo yo, es la opción "todo incluído", ya que suele ser interesante desde el punto de vista del precio y, además, dado que los hoteles habitualmente están algo aislados, salir a comer fuera todos los días no es demasiado práctico. En este caso hay varios restaurantes que entran en el TI: el tradicional buffet libre, un italiano también con la posibilidad de comer todo lo que se quiera y un oriental. También hay un francés que hay que pagar a parte y que no probamos.

De los otros tres el más recomendable, al menos en mi experiencia, era el primero: sin los lujos que suelen verse en este tipo de establecimientos en el Caribe, si había un nivel de calidad más que razonable y una amplia variedad. Además, siempre era posible encontrar algo del agrado de un niño, incluso de uno tan pequeño como mi niña (casi 18 meses en el momento del viaje).

Hay también varios bares para los que deseen tomarse algo "fuera de horas", incluso uno con un horario nocturno bastante prolongado para aquellos que deseen alargar el día tomando unas copas. Como nuestro plan era más familiar y mi pequeña se despierta bastante pronto por la mañana el que sí visitamos era el más normal, con una terraza espléndida frente al mar en la que un café con hielo se disfrutaba mucho a pesar de que. eso sí, el café no era demasiado bueno.

Y, por supuesto, el bar de las merendolas en el que tomar las inevitables tortitas con nata.

PISCINAS Y TUMBONAS
Las zonas comunes son amplias y agradables, lo suficientemente grandes como para que, aunque la ocupación sea elevada, uno no se sienta en un entorno masificado. Hay numerosas piscinas para adultos y también para niños, centenares de tumbonas con sus correspondientes sombras, espacios de juego.

Vista de parte de las zonas comunes.

Cuenta también con un pequeño spa con varias piscinas de hidromasaje, gimnasio, sala de juegos... Los niños tienen su propio espacio para jugar, así como bastantes actividades de animación a diversas horas del día. Los adultos tienen su propios espectáculos por la noche, aunque voy a ser bueno y no diré nada sobre su calidad e interés...

EXCURSIONES
Aunque este es el tipo de hotel al que uno va para desconectar y las excursiones no formarán necesariamente una parte importante del programa, recordaré que Lanzarote es un destino fantástico para aquellos que quieran ver lugares espléndidos y auténticas maravillas.

Así en tan sólo unos 15-20 minutos de coche (es muy recomendable alquilar uno) se plantará usted nada más y nada menos que en el Parque Nacional de T¡manfaya, un sitio que justifica el viaje por sí mismo. Y a una distancia similar se encuentra la zona de La Geria, con uno de los paisajes más peculiares que podrán ver en toda su vida.

Más cerca, a sólo cinco minutos en coche, las espléndidas Playas del Papagayo, consideradas entre las mejores de toda la isla y que, desde luego, eran absolutamente deliciosas.

Como nada es perfecto, ya para terminar les comentaré también lo pero de mi semana en el Papagayo Arena, aunque sé que es algo que no importará demasiado a la mayoría de los que se planteen unas vacaciones así, para mí que la conexión a internet fuese inexistente en las habitaciones y deplorable en el mal llamado "internet café" me resultó una auténtica tortura. Es un defecto bastante habitual de nuestros hoteles que, o bien no ofrecen una conexión en condiciones, o bien lo hacen a unos precios completamente fuera de toda lógica, algún día hablaremos de eso...

Imagen del espectacular hall del hotel.

En resumen, una excelente opción para unas vacaciones en Lanzarote y que, sobre todo si pueden darse el lujo de visitarlo fuera de temporada (vayan cuando vayan encontrarán buen tiempo), les ofrece una relación calidad - precio sobresaliente.

Más información:
El Papagayo Arena en Tripadvisor.
Página web del hotel.
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lunes, 23 de junio de 2008

Mis fotos: La Geria

He encontrado hoy una sencilla y útil herramienta para incluir en un post imágenes de los sets que tengo creados en mi espacio de Flickr, así que voy a aprovechar que el Pisuerga pasa por donde le da la gana para crear una nueva sección en este su blog en la que mostrarles mis fotografias viajeras, que iré publicando cada cierto tiempo.

Las primeras que les que es voy a mostrar son las que hice en La Geria, la región vitivinícola más famosa de Lanzarote que, como podrán comprobar en las imágenes, tiene uno de los paisajes más hermosos y espectaculares que es posible encontrar.



Lo que más me gustó del lugar fue que se trata de un territorio modelado por el hombre en lucha con una naturaleza no precisamente amable y que, muy cerca, en Timanfaya, muestra lo poderosa que puede llegar a ser.

Otro día publicaremos un artículo hablando más de La Geria.

PD.: Y gracias a los creadores de Pictobrowser, por supuesto.
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miércoles, 11 de junio de 2008

El Lanzarote más salvaje

A veces necesitamos que otros llamen la atención sobre lo que tenemos ahí al lado, que alguien venga a recordarnos lo que ya sabemos o a enseñarnos lo que deberíamos saber. Lanzarote está ahí, a poco más de dos horas de avión (nada, en el mundo de hoy) y, aunque no es una desconocida, probablemente a partir de ahora, con la noticia de que Almodóvar ha rodado allí parte de su nueva película, muchos ojos se volverán hacia la pequeña isla y descubrirán las muchas maravillas que puede ofrecer al viajero.

Así empieza el artículo sobre Famara que se ha publicado este domingo en el suplemento VD de La Razón, con texto y fotografías de un servidor. Para los que cometieron el "imperdonable error" de no comprar el periódico este domingo, pueden leer el artículo en la página 8 de la versión en pdf del suplemento (esta dirección ya es la definitiva).

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miércoles, 7 de mayo de 2008

Lanzarote, un destino más que recomendable para nuestras vacaciones

Como les contaba hace poco he pasado junto con mi familia unos días de vacaciones en Lanzarote, en lo que era mi primera visita a las Islas Canarias, una experiencia muy positiva y todo un descubrimiento, ya que la isla ha superado todas las expectativas y ha resultado ser un destino de vacaciones excelente.

Una de sus mayores virtudes es concentrar en muy poco espacio no sólo muchos puntos de interés para el viajero, sino también diferentes paisajes (aunque siempre con la dominante volcánica) e incluso distintas posibilidades para decidir qué vacaciones queremos disfrutar: desde grandes hoteles idóneos para familias hasta posibilidades de turismo rural o incluso actividades de aventura o senderismo para los más atrevidos; desde pequeñas ciudades que parecen construidas para "guiris", hasta pueblecitos completamente fuera de las rutas turísticas habituales y en los que nos sentimos en otra época varias décadas atrás.

Y, por supuesto, con la posibilidad de combinar un poco de cada cosa en esas vacaciones ideales para muchos en las que se mezclan el descanso y la relajación con las visitas tan satisfactorias como el Parque Natural de Timanfaya. Ayudados, como les digo, porque en una isla tan pequeña (unos 70 kilómetros de sur a norte) todo está a tiro de piedra o, como decimos los madrileños, "ahí al lado".

Espero poder hablarles de forma más detallada de muchos sitios de Lanzarote, pero no quiero dejar de citar ahora algunos lugares especialmente impresionantes como Timanfaya, el espléndido parque natural fruto de una serie de espantosas erupciones volcánicas hace poco más de dos siglos y que es, en su inaudita desolación, uno de los paisajes más bellos que he conocido jamás.


Timanfaya es la demostración palpable de la fuerza destructora (y creadora al mismo tiempo) de la naturaleza, muy cerca de allí la región vitivinícola de La Geria podría ser perfectamente la mejor prueba de lo contrario: de como el hombre es capaz de amoldar a la madre tierra para sacar de ella provecho incluso en las condiciones más desfavorables y, al mismo tiempo, crear paisajes tan sorprendentes como de ensueño.


También es un auténtico homenaje al trabajo y el esfuerzo: hay vinos de Lanzarote, sí, pero cada vid y cada botella se mantienen o se obtienen luchando a brazo partido contra el viento y contra unas condiciones más inhóspitas que acogedoras para las uvas.

Y queda mucho más: las excepcionales obras de César Manrique, playas magníficas y solitarias, pueblos con una hermosa arquitectura tradicional... en resumen: todo un lujo a poco más de dos horas de avión, con un tiempo estupendo todo el año y con gente amable dispuesta a recibirnos y a tratarnos de maravilla.

¿Se puede pedir más?
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domingo, 27 de abril de 2008

Viajar con niños, una experiencia diferente (y maravillosa)

Acabamos de disfrutar de las primeras vacaciones en las que nos acompaña nuestra pequeña Laura, que tiene algo menos de 18 meses. Obviamente, no es que desde su nacimiento no hayamos tenido vacaciones (aunque de eso les podría contar…) sino que es el primer viaje con avión, hotel y demás aderezos turísticos habituales que hacemos con ella.

El destino elegido ha sido Lanzarote por la combinación de varias posibilidades que nos ofrece pero, sobre todo, por el buen tiempo que siempre prometen las Islas Canarias. Y hay que decir que las expectativas al respecto no se han visto defraudadas: el sol y un clima casi veraniego ha sido la tónica únicamente empañado por los dos últimos días de calima y con demasiado calor para nuestro gusto.

Como les digo es la primera vez que viajamos con Laura y quiero contarles algunos detalles curiosos que me llaman la atención; otro día (Dios mediante) haremos una guía práctica con algunas recomendaciones que la experiencia nos haya descubierto (básicamente para que, si se ven en las mismas, no paguen ustedes los errores de novato que nosotros hemos pagando), pero hoy vamos por detalles curiosos y divertidos y dejemos lo útil para más adelante.

Lo primero que me ha llamado la atención es que viajando con una niña pequeña todo el mundo es infinitamente más simpático contigo. El contraste puede deberse a que mi hija es la cosa más bonita y encantadora del mundo (:-); a que sin ella la expresión con la que me movía por ahí era la del último clasificado en el torneo “miss simpatía” del gremio de enterradores; a que los críos tocan la fibra más tierna de camareros, recepcionistas, asistentes de vuelo y personal del sector turístico diverso (y del resto de los turistas); o a una combinación de los tres factores anteriores.

Sea por lo que sea, nunca me he sentido tan bien atendido.

Lo segundo (y aquí los padres experimentados dirán “¡pardillo, pardillo!”) es que cualquier “operación” requiere una planificación y una logística que ríanse ustedes del Desembarco de Normandía: el carrito, la bolsa con los pañales, ropa por si vomita, ropa por si se va por la patilla, toallitas, medicinas variadas… todo para bajar a la piscina, por poner un ejemplo.

En parte como consecuencia de lo anterior y en parte por la propia naturaleza de las cosas infantiles, las “operaciones” toman mucho más tiempo del que deberían y del que estamos acostumbrados, así que cualquier cosa parecida a una planificación se irá al garete con enorme facilidad. Esto llega a un punto casi grotesco con las comidas: un poco más y nos instalan la habitación directamente dentro del buffet…

Por otro lado, pero también relacionado con el tiempo, los niños y en especial los más pequeños tenderán sin la menor maldad a hacer todo aquello que pueda ayudar a complicar, dificultar y retrasar nuestro viaje o, al menos, a hacerlo más incómodo: defecarán allí donde resulte más jodido cambiarles, tocarán ese botón rojo, vomitarán a la mínima oportunidad, llorarán en lo mejor del discurso… En esta tarea de fastidio son tan sistemáticos y perfeccionistas que empiezo a pensar que se trata de algún mecanismo genético para que les queramos menos (para el que lo dude: no funciona, les seguimos queriendo igual).

Y ya para terminar, la parte ñoña: viajar con tu hijo hace que el viaje sea una experiencia completamente nueva y diferente, de alguna forma nos reflejamos en su asombro y vamos descubriendo cada cosa como la descubren ellos: el mar, el avión, al ascensor con paredes de cristal… y encima con la conciencia clara de lo único que es ese momento y de cómo lo recordaremos en el futuro. Viajar con un pequeñín es, en suma, mezclar en un cóctel aparentemente imposible el placer de disfrutar algo por primera vez con los conocimientos y la experiencia que nos permiten paladearlo.

Como despedida y para poner un punto informativo le dejo este link con el último boletín de noticias de las páginas oficiales sobre turismo de Suecia, en el que se centran en las posibilidades que ofrece el país báltico para el turismo familiar y, sobre todo, con niños.

PD.: Por cierto, a partir de ahora y durante una temporada les iré contando muchas cosas de este viaje, algunas bastante interesantes (espero).
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