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miércoles, 5 de agosto de 2009

De nuevo en el Oceanográfico, esta vez con niños

Creo que es la primera vez que voy a repetirme en este blog, es decir, que voy a hablar de algo de lo que ya he hablado. El sitio es el Oceanográfico de Valencia y hay un par de razones que me impulsan a traerlo de nuevo a esta página después del artículo que le dediqué en agosto del 2005, y ya hace.



La primera de ellas es que por aquel entonces no tenía una SRL digital que me permitiera sacar fotos con un mínimo de garantías; la segunda que tampoco tenía un conocimiento mínimo de Photoshop para adecentarlas algo; y la tercera que no tenía (qué cantidad de carencias) una maravillosa hija de dos años y medio que le diese otro sentido a la visita.

Por lo demás, he visto con cierta sorpresa que el artículo de entonces se parece mucho al que escribiría ahora, con la única excepción de que habría añadido algunos pequeños consejos para una visita con un niño tan pequeño como mi hija.

Consejos por lo demás que son cuestión de sentido común y que, por supuesto, les ofrezco ahora:

- Organice su visita teniendo en cuenta la limitada capacidad de atención del niño, es decir, hay que prever que si ven todo el Oceanográfico hacia el final ya no podrá escapar del aburrimiento, así que elija lo mejor (los tanques subterráneos, desde mi modesto punto de vista) para iniciar el recorrido.
- Además, no dedique demasiado tiempo a cada zona o lo fatigará muy pronto.

- Centre la atención del pequeño en unas pocas cosas que luego pueda recordar y, en cierto modo, aprender.

- Invierta algo de tiempo en estar pronto en el delfinario y tener un asiento bajo y cercano para el espectáculo de delfines.

- Tenga cuidado, especialmente si visita el lugar en verano, con los cambios de temperatura entre algunas de las zonas a visitar y el exterior.

- Por supuesto, trate de evitar los días (como los fines de semana del verano) en los que es probable que haya mucha gente.
Por lo demás, del resultado de la solución de mis carencias fotográficas pueden ver algo en esta galería (sí, ya sé que todavía hay mucho que mejorar):

Get the flash player here: http://www.adobe.com/flashplayer

O, por supuesto, en el slideshow del set en Flickr.


Y no olviden leer el viejo artículo, que sigue siendo igual de válido que hace cuatro años.
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lunes, 13 de julio de 2009

Rincones (casi) secretos de Madrid: el Teleférico de Rosales

El viejo Teleférico de Rosales (ha cumplido recientemente 40 años) es un recuerdo turístico asociado a mi más tierna infancia, cuando las cabinas suponían lo más parecido a volar que yo podía imaginar. Hoy, el vértigo no es el mismo, pero sigue siendo una excursión recomendable para pasar una tarde diferente en la capital, y las vistas son como estonces estupendas…

vistas_ciudad02pano

El Teleférico madrileño sale del Paseo del Pintor Rosales, ya en el Parque del Oeste, sus cabinas sobrevuelan ese parque, el río Manzanares, la M30 y parte de la Casa de Campo, donde termina su recorrido dos kilómetros y medio después de haberlo iniciado.

Las cabinas tienen capacidad para seis pasajeros, pero normalmente los operarios las dejan ir con menos, así que podrá hacer un viaje más agradable con su pareja o su familia sin compartir el reducido espacio con extraños.

cabinas_torres01

La altura del viaje no es excesiva, tan sólo unos 40 metros que es mucho menos que gran cantidad de edificios de la ciudad (de hecho, se pasa junto a una torre cuyas ventanas ofrecen una peculiar vista para los más curiosos), pero es suficiente para ofrecer una perspectiva diferente de Madrid y algunas de sus vistas más hermosas, especialmente las del oeste de la ciudad en las que destaca el Palacio Real, aunque la Almudena a su lado estropee bastante el marco incomparable.

palacio1

Por supuesto, es una excursión muy recomendable para hacer con los peques de la casa, a los que les encantará el “vuelo” de las cabinas y que lo vivirán como una gran aventura.

Además, aunque lo importante en el Teleférico es el propio trayecto, al llegar al final del recorrido encontrarán varias posibilidades interesantes que pueden ayudarle a completar una tarde divertida: el Parque de Atracciones está a tiro de piedra; por supuesto, la Casa de Campo es un sitio excelente para caminar y hay muy cerca unos columpios que encantarán a sus niños; finalmente, el propio edificio de llegada tiene una cafetería con una terraza muy agradable en la que pasar un buen rato.

El único pero que ponerle es que resulta muy difícil sacar buenas fotografías durante el trayecto: el propio balanceo de la cabina no ayuda mucho y, además, por muy comprensibles razones de seguridad sólo tenemos un par de pequeño huecos en las ventanas por los que sacar el objetivo en una pose imposible y con la que la mayor parte de las fotos nos saldrán movidas.

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Si aún así quieren atreverse, traten de hacer el trayecto de vuelta (que es el que ofrece mejores perspectivas) a una hora avanzada de la tarde, poco antes de ponerse el sol encontrarán una luz excelente.

MAS
Tienen toda la información necesaria en la web del Teleférico.
Y pueden ver mis fotos del Teleférico en Flickr.
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jueves, 4 de septiembre de 2008

Pasar la noche en un 747

Muchos turistas lo han hecho, sí, durante los vuelos de larga distancia que suelen cubrir aeronaves como los Boeing 747 o los Airbus 340 o 380. Incluso un servidor pasó una corta noche sobre el Atlántico, aunque se trataba de un avión más pequeño (creo que era un 737, pero no estoy seguro).

Sin embargo, lo que nos propone Jumbo Hostel (o, mejor dicho, lo que nos propondrá a partir de su apertura a principios de diciembre) no es que durmamos durante un plácido vuelo sino que lo hagamos con el avión fírmemente anclado al suelo, ya que se trata del primer hotel que, en lugar de estar construido en un edificio al uso, aprovecha el interior de un Jumbo 747 estacionado en tierra.



Jumbo Hostel estará en Arlanda, la localidad cercana a Estocolmo en la que se encuentra el principal aeropuerto de Suecia, por el que pasan 17 millones de viajeros al año entre los que estarán, se supone, la mayoría de los clientes de este peculiar hotel.

Por supuesto no se obligará a los clientes a dormir en los incómodos asientos de la clase turista, sino que todo el interior del avión ha sido renovado y se han construido 25 pequeñas habitaciones con 3 camas cada una y de un tamaño de unos seis metros cuadrados cada una. Más espaciosa será la "suite" de la cabina, ubicada en el espacio que antaño eran los dominios de piloto y copiloto.


Además, el Jumbo Hostel tendrá un café abierto a los clientes y a aquellos que quieran curiosear un poco.

En la web del proyecto hablan de una experiencia única, "especialmente para apasionados de la aviación y para familias con niños, así como para viajeros de negocios". Sus principales virtudes, no obstante, serán precios económicos y encontrarse a solo diez minutos andando de los mostradores de check-in del aeropuerto.

Aunque hay que reconocerles que, además, es una idea muy original.

Vía Alt1040.
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lunes, 12 de mayo de 2008

Diez consejos para viajar con niños

Las vacaciones de las que les he venido hablando (aquí y aquí) me hicieron pensar que hay algunas cosas que no tenemos en cuenta a la hora de hacer viajes con nuestros niños; así, la primera vez que nos aventuremos con los pequeños más allá del pueblo de los abuelos y similares destinos "accesibles" podemos llevarnos alguna sorpresa, y ya se sabe que cuando viajamos las sorpresas no siempre son agradables.

Para que no tengan ustedes imprevistos (o al menos para evitar alguno de ellos) si van a pasar unos días con sus niños por esos mundos de Dios voy a darles algunos consejos fruto de mi experiencia personal y algún otro que he recopilado o perfilado navegando por ahí.

Obviamente, esto sólo son algunas ideas, no pretende ser una guía exhaustiva ni voy a entrar en todo lo referente a la "maleta" de cosas necesarias para el churumbel, porque eso lo sabe mejor la madre y el padre de cada niño que yo mismo.

Bueno, vamos allá:

1. Para viajar en avión, incluso en vuelos dentro de España, es necesario que sus niños tengan algún tipo de documentación con fotografía (es decir, DNI o Pasaporte) que certifique su identidad. Excepcionalmente puede servirles el Libro de Familia, pero eso dependerá de la compañía con la que vuelen y yo no me arriesgaría.

Esta norma aparece en las condiciones de compra de sus billetes si los adquiere por internet (y supongo que en las agencias de viajes advertirán de ello) pero si usted nunca lee todos esos textos aburridos (como hacemos tantos, a pesar de lo poco recomendable que es esa desidia) podría tener un problema; más todavía teniendo en cuenta que hoy por hoy sacar un DNI o un Pasaporte no es tarea fácil.

Por supuesto, para desplazamientos por Europa en otros métodos de transporte como tren o barco también puede ser necesario que el niño vaya convenientemente identificado.

2. Tenga en cuenta que un niño (sobre todo los más pequeños) nos retrasará en cualquier actividad que emprendamos, así que planifique su viaje con cuidado y dándose tiempo si quiere que su planificación se cumpla. Por lo demás, cárguese de paciencia, aunque supongo que eso ya lo hace en casa :-).

3. Los viajes programados no están pensados para los niños, ni ellos ni usted ni el resto de los viajeros tienen por qué sufrir una situación en la que el pequeño está con unos desconocidos haciendo cosas que no le gustan o viendo sitios que no siempre le interesan. Es mejor viajar sólos o en familia.

4. Algunos hoteles están pensados para viajar con la familia y, por tanto, para cubrir las necesidades de los niños. Infórmese de si allí donde piensa pasar sus vacaciones puede encontrar uno. Aunque seguro que hay más, en esta página puede consultar un listado de "hoteles familiares". Incluso hay hoteles especialmente pensados para los peques.

5. Del mismo modo, aquellas alternativas de viaje que le permitan reproducir en parte el ambiente y las rutinas de su casa pueden ser una buena idea: apartamentos, aparthoteles o casas rurales estarían en esta categoría.

6. Los buffets libres y los autoservicios son una alternativa muy interesante a la hora de dar de comer a un niño: variedad, muchos platos para elegir, la posibilidad de ver lo que vamos a pedir... No deje de valorarlos como opción.

7. Para los más pequeños siempre es útil viajar con su cochecito en el que puedan descansar o incluso dormir, aunque pueda resultar difícil llevarlo. Si es imposible o para otro tipo de excursiones también podemos usar las mochilas portabebés. Esperemos que en un futuro empresas de alquiler de material para bebés como Babytravelling nos faciliten disponer de estas cosas cuando estemos lejos de casa.

8. Tenga en cuenta que será difícil que a sus niños les guste tanto como a usted ese maravilloso paisaje y que tampoco es fácil para ellos leer una revista o ver la película que echan en el avión, así que hay que tenerles entretenidos de alguna manera: no olvide llevar siempre alguno de sus juguetes preferidos.

9. Viajando con toda la familia y con niños es más difícil adaptarse a cualquier inconveniente o cambio, por lo que es recomendable que planifique su viaje con más tiempo y también haga sus reservas con antelación suficiente, especialmente si va a utilizar un medio de transporte público: así sus asientos serán contiguos.

10. Recuerde avisar antes de llegar a hoteles o restaurantes que va con un niño y de las necesidades especiales que esto supone: tronas, cunas de viaje, así podrá estar seguro de que todo está preparado a su llegada, ya sabe que para los niños no suele ser fácil esperar.

Pueden encontrar más consejos e información interesante en estas webs:

Viajar en familia.
Babyviajes.
Ciberpadres.

¡Y no dejen de dar sus ideas en los comentarios!
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domingo, 27 de abril de 2008

Viajar con niños, una experiencia diferente (y maravillosa)

Acabamos de disfrutar de las primeras vacaciones en las que nos acompaña nuestra pequeña Laura, que tiene algo menos de 18 meses. Obviamente, no es que desde su nacimiento no hayamos tenido vacaciones (aunque de eso les podría contar…) sino que es el primer viaje con avión, hotel y demás aderezos turísticos habituales que hacemos con ella.

El destino elegido ha sido Lanzarote por la combinación de varias posibilidades que nos ofrece pero, sobre todo, por el buen tiempo que siempre prometen las Islas Canarias. Y hay que decir que las expectativas al respecto no se han visto defraudadas: el sol y un clima casi veraniego ha sido la tónica únicamente empañado por los dos últimos días de calima y con demasiado calor para nuestro gusto.

Como les digo es la primera vez que viajamos con Laura y quiero contarles algunos detalles curiosos que me llaman la atención; otro día (Dios mediante) haremos una guía práctica con algunas recomendaciones que la experiencia nos haya descubierto (básicamente para que, si se ven en las mismas, no paguen ustedes los errores de novato que nosotros hemos pagando), pero hoy vamos por detalles curiosos y divertidos y dejemos lo útil para más adelante.

Lo primero que me ha llamado la atención es que viajando con una niña pequeña todo el mundo es infinitamente más simpático contigo. El contraste puede deberse a que mi hija es la cosa más bonita y encantadora del mundo (:-); a que sin ella la expresión con la que me movía por ahí era la del último clasificado en el torneo “miss simpatía” del gremio de enterradores; a que los críos tocan la fibra más tierna de camareros, recepcionistas, asistentes de vuelo y personal del sector turístico diverso (y del resto de los turistas); o a una combinación de los tres factores anteriores.

Sea por lo que sea, nunca me he sentido tan bien atendido.

Lo segundo (y aquí los padres experimentados dirán “¡pardillo, pardillo!”) es que cualquier “operación” requiere una planificación y una logística que ríanse ustedes del Desembarco de Normandía: el carrito, la bolsa con los pañales, ropa por si vomita, ropa por si se va por la patilla, toallitas, medicinas variadas… todo para bajar a la piscina, por poner un ejemplo.

En parte como consecuencia de lo anterior y en parte por la propia naturaleza de las cosas infantiles, las “operaciones” toman mucho más tiempo del que deberían y del que estamos acostumbrados, así que cualquier cosa parecida a una planificación se irá al garete con enorme facilidad. Esto llega a un punto casi grotesco con las comidas: un poco más y nos instalan la habitación directamente dentro del buffet…

Por otro lado, pero también relacionado con el tiempo, los niños y en especial los más pequeños tenderán sin la menor maldad a hacer todo aquello que pueda ayudar a complicar, dificultar y retrasar nuestro viaje o, al menos, a hacerlo más incómodo: defecarán allí donde resulte más jodido cambiarles, tocarán ese botón rojo, vomitarán a la mínima oportunidad, llorarán en lo mejor del discurso… En esta tarea de fastidio son tan sistemáticos y perfeccionistas que empiezo a pensar que se trata de algún mecanismo genético para que les queramos menos (para el que lo dude: no funciona, les seguimos queriendo igual).

Y ya para terminar, la parte ñoña: viajar con tu hijo hace que el viaje sea una experiencia completamente nueva y diferente, de alguna forma nos reflejamos en su asombro y vamos descubriendo cada cosa como la descubren ellos: el mar, el avión, al ascensor con paredes de cristal… y encima con la conciencia clara de lo único que es ese momento y de cómo lo recordaremos en el futuro. Viajar con un pequeñín es, en suma, mezclar en un cóctel aparentemente imposible el placer de disfrutar algo por primera vez con los conocimientos y la experiencia que nos permiten paladearlo.

Como despedida y para poner un punto informativo le dejo este link con el último boletín de noticias de las páginas oficiales sobre turismo de Suecia, en el que se centran en las posibilidades que ofrece el país báltico para el turismo familiar y, sobre todo, con niños.

PD.: Por cierto, a partir de ahora y durante una temporada les iré contando muchas cosas de este viaje, algunas bastante interesantes (espero).
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