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lunes, 21 de septiembre de 2009

Bocairente y la Sierra Mariola, estrellas de la radio

Este domingo en Viajes desde el sillón (el espacio de viajes dentro de Estamos de fin de semana de esRadio) hemos estado hablando de la Sierra de Mariola, de Bocairente, de Agres (un pueblo que los lectores de este blog ya conocen) y también, aunque algo menos, de Bañeres.

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Aprovechando la ocasión quiero contarles alguna cosa más sobre Bocairente, uno de los pueblos más bonitos de la Comunidad Valenciana y, sobre todo, una sorpresa que no se corresponde con lo que la mayor parte de los viajeros debe esperar de Valencia, pues es un pueblo de interior, serrano y un punto agreste, pero muy hermoso. Por cierto, casualmente escribí ya sobre él en el suplemento de viajes de La Razón hace algún tiempo.

Bocairente tiene un montón de pequeños (o no tan pequeños) atractivos para el visitante, empezando por el propio lugar en el que está ubicado, en una escarpada colina que se asoma temerariamente a varios barrancos en los que las propias casas parecen estar a punto de caer al vacío, con un parecido lejano pero evidente con las casas colgadas de Cuenca.

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Tiene su propio barrio medieval, con un encanto irresistible, alrededor de la pequeña pero deliciosa iglesia (de un estilo barroco muy valenciano) que ocupa el punto más alto del pueblo y a partir de la cual se teje un entramado inverosímil de calles, callejas y, sobre todo, cuestas por las que pasear y, si no fuera por el asfalto tan siglo veinte por el que pisaremos, sentirnos de verdad en otra época.

Bocairente y la roca, una pareja de hecho

El pueblo tiene una curiosa relación con las enormes rocas sobre las que se asienta o que lo rodean, además de destacar en la imponente vista de villa que se disfruta desde la carretera (todavía mejor y caminamos un poquito hasta los alrededores del cementerio) muchos de sus monumentos están, literalmente, excavados en la roca, destacando sobre todo la plaza de toros, bastante grande y buena parte de la cual fue arrancada, con imaginen que sudores, al suelo pétreo bajo los pies de los esforzados bocairentinos.

Del mismo modo, excavados en el suelo de roca están un llamativo monasterio rupreste en el interior del pueblo, o una espectacular cava para almacenar nieve que está justo a las afueras y que ha sido cuidadosamente restaurada para visitarla y conocer en ella algo del curioso comercio de nieve que floreció en la zona durante varios siglos hasta bien entrado el XX.

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Y, como no, también en la roca están excavadas las peculiares "covetes dels moros": unas llamativas cuevas artificiales cuyo origen se desconoce y que resultan un lugar verdaderamente curioso que visitar e incluso con cierto misterio, ya que no se han podido encontrar evidencias de cuando y para qué se usaron las cuevas que ahora conforman una "pequeña Capadocia" como la ha llamado con acierto Ángel Martínez Bermejo en el programa.

Por último, es un lugar excelente para los amantes de la naturaleza, que podrán disfrutar de un montón de interesantes rutas por la Sierra de Mariola, un "entorno natural privilegiado" como suele decirse de muchos sitios aunque en pocas ocasiones es tan cierto como en esta. Además, muchas excursiones están al alcance de prácticamente cualquier dominguero, es decir, que si usted no tiene el fondo físico de Edurne Pasabán no se preocupe que podrá disfrutar de la naturaleza.

Comer y dormir

Bocairente es también un lugar con buenos sitios en los que comer y dormir como el Hotel Ferrero, un auténtico lujo asiático - rural con un restaurante a la altura de cualquier cocina de una capital; o el Hotel de la Estación, también muy confortable y con no poco encanto.

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Además, y así les ofrezco también el enlace del tercer sitio que hemos comentado en "Viajes desde el sillón", en Agres también hay un lugar muy recomendable para comer y dormir: la Pensión Mariola, un negocio familiar (por cierto, la fundadora era lejana familia mía y tiene toda una historia detrás que quizá algún día pueda contarles) en el que la atención y la cocina rayan a un muy buen nivel.

Y la semana que viene, más en "Viajes en sillón".

ENLACES
Escuche la tertulia viajera de esRadio.
Mis fotos de Bocairente en Flickr.
Turismo de Bocairente.

Hotel Ferrero
Hotel la Estación
Pensión Mariola
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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Agres, un pueblo elegido por la mismísima Virgen

Cuenta la leyenda, o si quieren la historia, que hace siglos se incendió una iglesia en la ciudad de Alicante, con gran alarma de los fieles ya que en su interior se guardaba una imagen muy venerada de la Virgen.

Ante el fragor de la llamas y ni corta ni perezosa, la imagen decidió tomar las de Villadiego y salvarse de la quema, nunca mejor dicho, y resulta que fue a aterrizar, ante la sorpresa de un pastorcillo que por allí andaba, sobre la copa de un lidonero, especie de árbol también conocida como almez.

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El pastorcillo (estas cosas siempre les pasan a los pastorcillos, claro que por entonces tampoco habría muchas más profesiones que elegir) corrió a contarles a sus paisanos lo que había ocurrido y, por supuesto, nadie le creyó hasta que la virgen, para probar la realidad de su aparición, le dio el brazo que le faltaba (pues estamos hablando de un pastorcillo manco), evidencia ante la cual el pueblo no pudo resistirse.

Les cuento todo esto porque esta leyenda de Virgen viajera tuvo lugar en Agres, un precioso pueblo de la sierra alicantina en el que he estado (de nuevo) este verano, y que es un lugar que les recomiendo vivamente cuando deseen practicar eso que últimamente se ha llamado turismo rural y que antes era ir por el campo.

Al fin y al cabo, si la misma Virgen lo eligió como destino final de su huída por algo será, ya que desde Alicante hay casi 80 kilómetros, es decir, tuvo donde elegir. Además, las vírgenes son muy suyas para aparecerse y, si lo piensan, verán que no hay santuario mariano que no esté en un lugar hermoso: Covadonga, Montserrat, Guadalupe...

Como les digo Agres está en la montaña alicantina, al norte de la provincia y en las cercanías de Alcoy. Concretamente sus empinadísimas calles se agarran como buenamente pueden a las faldas de la Sierra de Mariola, una bellísima montaña que es Parque Natural, estando el propio pueblo dentro del perímetro del espacio protegido.

Las cuestas por las que trepan las calles y las casas de Agres terminan en el punto neurálgico espiritual del pueblo: el convento construido en el lugar en el que, según la leyenda que ya les he contado, la Virgen se apareció al pastorcillo manco. Es un lugar curioso, llamativo e interesante, no excepcionalmente bello, aunque sí tiene unas vistas hermosas. Está en parte excavado en la roca y les recomiendo que no dejen de ver la sala en la que se ofrecen a la Virgen pequeñas figuras de cera reproduciendo la parte del cuerpo por cuya sanación se ruega, pues han de saber ustedes que la Madre de Dios de Agres tiene fama de muy milagrera.

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El pueblo es hermoso además de empinado, conserva muy bien el carácter de los pequeños pueblecitos montañeros de la zona, que muchos de ellos ya han perdido. Las casas están cuidadas, varias fuentes antiguas ofrecen un agua serrana y fresca y su minúscula plaza es, en su modestia, una delicia que nos habla de lugares pequeños y pobres, como lo era Agres y como lo eran la mayor parte de los pueblos de los alrededores.

Además del encanto del propio pueblo, es una buena base para algunas excursiones muy interesantes por el Parque Natural de la Sierra de Mariola, por ejemplo: junto al camino del convento una vía forestal nos lleva hacia arriba entre bosques de pinos y, en tan sólo hora media, llegaremos a un impresionante nevero, una de las estructuras que se construían en las montañas para almacenar nieve durante el invierno y de las que todavía se conservan varias por la zona.

Desde allí, si disponen de tiempo (varias horas) es posible aventurarse hasta el punto más alto de Mariola, el pico Montcabrer de casi 1.400 metros. Obviamente es una buena caminata y hay algunas cuestas imponentes pero no necesitará un estado de forma de deportista profesional para llegar a la cima y disfrutar de las impresionantes vistas.

Más todavía: en los alrededores encontrarán otras localidades muy interesantes como Bocairente, Cocentaina o la propia Alcoy. Y también está muy cerca el Puerto de Beniarrés del que les hablé hace poco.

En resumen, vayan ya, no es necesario que esperen a que su iglesia se queme.
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viernes, 28 de agosto de 2009

Un lugar en el que la naturaleza y el hombre se dan la mano: el puerto de Beniarrés

Descubro casi por casualidad que la próxima Vuelta a España va a pasar por el Puerto de Beniarrés, un pequeño paso de montaña que une las provincias de Alicante y Valencia y que tiene, creo yo, una belleza particular, espectacular pero al mismo tiempo algo casera, ese tipo de belleza propia de los paisajes que han construido en armonía el hombre y naturaleza.

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Se trata de un puerto que he recorrido en infinidad de ocasiones y en todas y cada una de ellas lo he contemplado y disfrutado, casi diría saboreado. La última fue hace unos días y además lo hice a pie (no completo, pero sí buena parte) teniendo la oportunidad de detenerme en los detalles y de hacer unas cuantas fotografías.

El puerto destaca por dos elementos: el primero la presencia de la Peña de Benicadell, una bellísima montaña coronada por dos enormes murallones de piedra que crean una cresta rocosa realmente impresionante cuando se llega a su pie o a su cumbre, y que nos ofrece vistas magníficas cuando la contemplamos desde la propia carretera.

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Se da la circunstancia curiosa de que Benicadell tiene un pequeño pero importante papel en la historia, o si me apuran dos: el primero por una cueva, la Cova de l’Or (Cueva del Oro) que es uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de la Comunidad Valenciana e incluso de España, ya que era uno de los primeros lugares en los que se habían encontrado pruebas de una incipiente agricultura y, por lo tanto, es considerado una de las puertas del Neolítico en la península.

Y la segunda cita con la historia la tuvo cuando en sus laderas había un castillo (del que no se conservan restos, al menos que yo sepa) que servía como una de sus bases al mismísimo Cid Campeador, e incluso aparece citada en el Cantar del Mio Cid, si bien con el nombre de Peña Cadiella:

Alegre era el Çid & todas sus compannas
que Dios le ayudara & fiziera esta arrancada.
Davan sus corredores & fazíen las trasnochadas,
legan a Gujera & legan a Xátiva,
aun más ayusso a Deyna la casa;
cabo del mar tierra de moros firme la quebranta,
ganaron Penna Cadiella las exidas & las entradas.

La zona fue tomada por el Cid en su conquista de Valencia y después por el rey Jaime I, pero todavía conserva multitud de nombres de origen y resonancia árabe: la propia Benicadell, Beniarrés, Benimarfull, Almudaina, Alcoy, Albaida…

Pero volviendo al puerto, no se crean que he olvidado el segundo de sus encantos: las laderas, divididas en pequeños bancales que las escalonan desde las cimas de las colinas hasta lo profundo de los barrancos. Es tierra de minifundio y hay bancales en los que se ha peleado con la tierra para plantar tan sólo dos o tres olivos.

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El terreno se ha aprovechado al máximo y cada ganancia se protege de la fuerza del viento y, sobre todo, de las lluvias, que pueden llegar a ser torrenciales en la zona. Así, cada bancal, con su pequeño grupo de olivos, está terminado con un margen (traduzco así del valenciano “marge”, aunque no estoy seguro de que se le dé el mismo significado en castellano) que es un muro de piedras de un color gris que se torna azulado a según qué horas y según qué días, colocadas simplemente una encima de otra sobre el borde del campo sin unión ni argamasa alguna, pero con un arte y una sabiduría que los hace capaces de retener a la tierra en su lugar antinatural.

Tan compleja y necesaria era esa labor que ser “margenero” era todo un oficio del que se podía vivir, aunque hace ya unos años que murió el último "margenero" y ahora, poco a poco, los márgenes se van quebrando aquí y allá, y la tierra se desgarra ladera abajo como por una herida.

También se va abandonando el campo, pues ya casi ni el muy sufrido olivo es lo suficientemente rentable, así que supongo que en unos años la naturaleza irá retomando su terreno y, como pasa en lo altos de las sierras que en su día también fueran tierra de labor, el paisaje escalonado del Puerto de Beniarrés se irá perdiendo.

Será una lástima pero al menos nos quedarán la Peña… y el recuerdo.

PD.: Toda la vida se le ha llamado a éste lugar Puerto de Salem (nombre que por cierto le da cierta resonancia a brujería), pero en la web de la Vuelta se le ha puesto Puerto de Beniarrés y, además, sí encuentro por internet referencias con ese nombre y no con el otro. Explicado esto, que no se me enfaden los de Salem.

Y no dejen de ver mis fotos del Puerto de Beniarrés en Flickr.
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sábado, 8 de agosto de 2009

Segorbe y su sorprendente museo sobre su sorprendente fiesta

Durante este verano y gracias a la invitación de un buen amigo, pasé unas horas (lamentablemente no hubo tiempo para más) en la localidad castellonense de Segorbe, un pueblo grande que se siente a sí mismo como una ciudad pequeña y que tiene una oferta turística con el encanto de lo primero y la calidad de lo segundo.

Me llevé además dos buenas sorpresas: la primera, una fiesta llamada "Entrada de toros y caballos” totalmente inesperada porque nunca había oído hablar de ella; la segunda, un museo sobre ese festejo cuyo tamaño, calidad y buen gusto me habrían llamado la atención en una capital de provincia de 100.000 habitantes, así que imaginen ustedes en una localidad de 10.000.

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Yendo por partes, lo primero que tengo que explicarles un poco es la fiesta en sí, a pesar de que yo todavía no he tenido la oportunidad de conocerla en directo. Se trata de una versión más antigua de los encierros que podemos ver en Pamplona y otras muchas localidades españolas.

Pero, a diferencia de la fiesta pamplonica, lo que ocurre en Segorbe está basado en la historia y en las fiestas taurinas tal y como se celebraban hace muchos muchos años. Entonces no había sitios en el pueblo en los que guardar a los toros hasta las corridas, así que cuando llegaban al pueblo desde las dehesas en Andalucía y Extremadura los tenían en el río y, el día de la lidia, los llevaban hasta la plaza guiando la manada con caballos, en un estilo de lo más cowboy.

Y así es la espectacular fiesta hoy en día: un grupo de hombres a caballo recogen a los toros en el río y atraviesan a galope el pueblo, un pueblo en el que no hay barreras protectoras de ningún tipo y que está lleno de gente. Milagrosamente, o al menos eso nos parece a los que no entendemos mucho del tema, es rarísimo que se produzcan heridos, aunque cualquiera que vea las imágenes apostaría a que en cualquier momento se va a desatar la masacre:



Meter toros, caballos y fiesta en un museo

Toda esta fiesta está sorprendentemente bien explicada en lo que han dado en llamar Centro de Interpretación de la fiesta de Toros y Caballos, aunque todo el mundo por allí lo llame museo.

Lo primero que vemos en él es una elegante reproducción, casa por casa y calle por calle, del recorrido que sigue el encierro desde el río hasta el corazón del pueblo. A lo largo de él se ofrecen varios vídeos con las explicaciones pertinentes. También podemos ver alguno de los elementos típicos de la fiesta con los datos que nos ayudan a entender su papel en la fiesta: el traje que llevan los caballistas, el propio caballo, incluso los garrotes típicos de Segorbe.

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La segunda planta del museo tienen una zona expositiva con carteles e imágenes y, sobre todo, una sala circular en la que se ofrece un interesantísimo y peculiar vídeo con cinco películas que se proyectan simultáneamente y que, pese a ser diferentes, forman un estético conjunto.

No quiero que me interpreten mal, pero es muy difícil encontrar en un museo de una localidad ten pequeña como Segorbe este tipo de montajes hechos con el buen gusto y la elegancia que tiene éste. Baste como ejemplo que no sólo me gustó a mí, sino que mi hija de sólo dos años y medio se quedó también fascinada por las imágenes, en arrobado silencio durante los cinco minutos, aproximadamente, que dura la proyección múltiple.

En definitiva, una razón más, y creo que habrá otras muchas, para acercarse a Segorbe.
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miércoles, 5 de agosto de 2009

De nuevo en el Oceanográfico, esta vez con niños

Creo que es la primera vez que voy a repetirme en este blog, es decir, que voy a hablar de algo de lo que ya he hablado. El sitio es el Oceanográfico de Valencia y hay un par de razones que me impulsan a traerlo de nuevo a esta página después del artículo que le dediqué en agosto del 2005, y ya hace.



La primera de ellas es que por aquel entonces no tenía una SRL digital que me permitiera sacar fotos con un mínimo de garantías; la segunda que tampoco tenía un conocimiento mínimo de Photoshop para adecentarlas algo; y la tercera que no tenía (qué cantidad de carencias) una maravillosa hija de dos años y medio que le diese otro sentido a la visita.

Por lo demás, he visto con cierta sorpresa que el artículo de entonces se parece mucho al que escribiría ahora, con la única excepción de que habría añadido algunos pequeños consejos para una visita con un niño tan pequeño como mi hija.

Consejos por lo demás que son cuestión de sentido común y que, por supuesto, les ofrezco ahora:

- Organice su visita teniendo en cuenta la limitada capacidad de atención del niño, es decir, hay que prever que si ven todo el Oceanográfico hacia el final ya no podrá escapar del aburrimiento, así que elija lo mejor (los tanques subterráneos, desde mi modesto punto de vista) para iniciar el recorrido.
- Además, no dedique demasiado tiempo a cada zona o lo fatigará muy pronto.

- Centre la atención del pequeño en unas pocas cosas que luego pueda recordar y, en cierto modo, aprender.

- Invierta algo de tiempo en estar pronto en el delfinario y tener un asiento bajo y cercano para el espectáculo de delfines.

- Tenga cuidado, especialmente si visita el lugar en verano, con los cambios de temperatura entre algunas de las zonas a visitar y el exterior.

- Por supuesto, trate de evitar los días (como los fines de semana del verano) en los que es probable que haya mucha gente.
Por lo demás, del resultado de la solución de mis carencias fotográficas pueden ver algo en esta galería (sí, ya sé que todavía hay mucho que mejorar):

Get the flash player here: http://www.adobe.com/flashplayer

O, por supuesto, en el slideshow del set en Flickr.


Y no olviden leer el viejo artículo, que sigue siendo igual de válido que hace cuatro años.
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