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miércoles, 9 de septiembre de 2009

Agres, un pueblo elegido por la mismísima Virgen

Cuenta la leyenda, o si quieren la historia, que hace siglos se incendió una iglesia en la ciudad de Alicante, con gran alarma de los fieles ya que en su interior se guardaba una imagen muy venerada de la Virgen.

Ante el fragor de la llamas y ni corta ni perezosa, la imagen decidió tomar las de Villadiego y salvarse de la quema, nunca mejor dicho, y resulta que fue a aterrizar, ante la sorpresa de un pastorcillo que por allí andaba, sobre la copa de un lidonero, especie de árbol también conocida como almez.

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El pastorcillo (estas cosas siempre les pasan a los pastorcillos, claro que por entonces tampoco habría muchas más profesiones que elegir) corrió a contarles a sus paisanos lo que había ocurrido y, por supuesto, nadie le creyó hasta que la virgen, para probar la realidad de su aparición, le dio el brazo que le faltaba (pues estamos hablando de un pastorcillo manco), evidencia ante la cual el pueblo no pudo resistirse.

Les cuento todo esto porque esta leyenda de Virgen viajera tuvo lugar en Agres, un precioso pueblo de la sierra alicantina en el que he estado (de nuevo) este verano, y que es un lugar que les recomiendo vivamente cuando deseen practicar eso que últimamente se ha llamado turismo rural y que antes era ir por el campo.

Al fin y al cabo, si la misma Virgen lo eligió como destino final de su huída por algo será, ya que desde Alicante hay casi 80 kilómetros, es decir, tuvo donde elegir. Además, las vírgenes son muy suyas para aparecerse y, si lo piensan, verán que no hay santuario mariano que no esté en un lugar hermoso: Covadonga, Montserrat, Guadalupe...

Como les digo Agres está en la montaña alicantina, al norte de la provincia y en las cercanías de Alcoy. Concretamente sus empinadísimas calles se agarran como buenamente pueden a las faldas de la Sierra de Mariola, una bellísima montaña que es Parque Natural, estando el propio pueblo dentro del perímetro del espacio protegido.

Las cuestas por las que trepan las calles y las casas de Agres terminan en el punto neurálgico espiritual del pueblo: el convento construido en el lugar en el que, según la leyenda que ya les he contado, la Virgen se apareció al pastorcillo manco. Es un lugar curioso, llamativo e interesante, no excepcionalmente bello, aunque sí tiene unas vistas hermosas. Está en parte excavado en la roca y les recomiendo que no dejen de ver la sala en la que se ofrecen a la Virgen pequeñas figuras de cera reproduciendo la parte del cuerpo por cuya sanación se ruega, pues han de saber ustedes que la Madre de Dios de Agres tiene fama de muy milagrera.

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El pueblo es hermoso además de empinado, conserva muy bien el carácter de los pequeños pueblecitos montañeros de la zona, que muchos de ellos ya han perdido. Las casas están cuidadas, varias fuentes antiguas ofrecen un agua serrana y fresca y su minúscula plaza es, en su modestia, una delicia que nos habla de lugares pequeños y pobres, como lo era Agres y como lo eran la mayor parte de los pueblos de los alrededores.

Además del encanto del propio pueblo, es una buena base para algunas excursiones muy interesantes por el Parque Natural de la Sierra de Mariola, por ejemplo: junto al camino del convento una vía forestal nos lleva hacia arriba entre bosques de pinos y, en tan sólo hora media, llegaremos a un impresionante nevero, una de las estructuras que se construían en las montañas para almacenar nieve durante el invierno y de las que todavía se conservan varias por la zona.

Desde allí, si disponen de tiempo (varias horas) es posible aventurarse hasta el punto más alto de Mariola, el pico Montcabrer de casi 1.400 metros. Obviamente es una buena caminata y hay algunas cuestas imponentes pero no necesitará un estado de forma de deportista profesional para llegar a la cima y disfrutar de las impresionantes vistas.

Más todavía: en los alrededores encontrarán otras localidades muy interesantes como Bocairente, Cocentaina o la propia Alcoy. Y también está muy cerca el Puerto de Beniarrés del que les hablé hace poco.

En resumen, vayan ya, no es necesario que esperen a que su iglesia se queme.
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viernes, 28 de agosto de 2009

Un lugar en el que la naturaleza y el hombre se dan la mano: el puerto de Beniarrés

Descubro casi por casualidad que la próxima Vuelta a España va a pasar por el Puerto de Beniarrés, un pequeño paso de montaña que une las provincias de Alicante y Valencia y que tiene, creo yo, una belleza particular, espectacular pero al mismo tiempo algo casera, ese tipo de belleza propia de los paisajes que han construido en armonía el hombre y naturaleza.

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Se trata de un puerto que he recorrido en infinidad de ocasiones y en todas y cada una de ellas lo he contemplado y disfrutado, casi diría saboreado. La última fue hace unos días y además lo hice a pie (no completo, pero sí buena parte) teniendo la oportunidad de detenerme en los detalles y de hacer unas cuantas fotografías.

El puerto destaca por dos elementos: el primero la presencia de la Peña de Benicadell, una bellísima montaña coronada por dos enormes murallones de piedra que crean una cresta rocosa realmente impresionante cuando se llega a su pie o a su cumbre, y que nos ofrece vistas magníficas cuando la contemplamos desde la propia carretera.

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Se da la circunstancia curiosa de que Benicadell tiene un pequeño pero importante papel en la historia, o si me apuran dos: el primero por una cueva, la Cova de l’Or (Cueva del Oro) que es uno de los yacimientos prehistóricos más importantes de la Comunidad Valenciana e incluso de España, ya que era uno de los primeros lugares en los que se habían encontrado pruebas de una incipiente agricultura y, por lo tanto, es considerado una de las puertas del Neolítico en la península.

Y la segunda cita con la historia la tuvo cuando en sus laderas había un castillo (del que no se conservan restos, al menos que yo sepa) que servía como una de sus bases al mismísimo Cid Campeador, e incluso aparece citada en el Cantar del Mio Cid, si bien con el nombre de Peña Cadiella:

Alegre era el Çid & todas sus compannas
que Dios le ayudara & fiziera esta arrancada.
Davan sus corredores & fazíen las trasnochadas,
legan a Gujera & legan a Xátiva,
aun más ayusso a Deyna la casa;
cabo del mar tierra de moros firme la quebranta,
ganaron Penna Cadiella las exidas & las entradas.

La zona fue tomada por el Cid en su conquista de Valencia y después por el rey Jaime I, pero todavía conserva multitud de nombres de origen y resonancia árabe: la propia Benicadell, Beniarrés, Benimarfull, Almudaina, Alcoy, Albaida…

Pero volviendo al puerto, no se crean que he olvidado el segundo de sus encantos: las laderas, divididas en pequeños bancales que las escalonan desde las cimas de las colinas hasta lo profundo de los barrancos. Es tierra de minifundio y hay bancales en los que se ha peleado con la tierra para plantar tan sólo dos o tres olivos.

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El terreno se ha aprovechado al máximo y cada ganancia se protege de la fuerza del viento y, sobre todo, de las lluvias, que pueden llegar a ser torrenciales en la zona. Así, cada bancal, con su pequeño grupo de olivos, está terminado con un margen (traduzco así del valenciano “marge”, aunque no estoy seguro de que se le dé el mismo significado en castellano) que es un muro de piedras de un color gris que se torna azulado a según qué horas y según qué días, colocadas simplemente una encima de otra sobre el borde del campo sin unión ni argamasa alguna, pero con un arte y una sabiduría que los hace capaces de retener a la tierra en su lugar antinatural.

Tan compleja y necesaria era esa labor que ser “margenero” era todo un oficio del que se podía vivir, aunque hace ya unos años que murió el último "margenero" y ahora, poco a poco, los márgenes se van quebrando aquí y allá, y la tierra se desgarra ladera abajo como por una herida.

También se va abandonando el campo, pues ya casi ni el muy sufrido olivo es lo suficientemente rentable, así que supongo que en unos años la naturaleza irá retomando su terreno y, como pasa en lo altos de las sierras que en su día también fueran tierra de labor, el paisaje escalonado del Puerto de Beniarrés se irá perdiendo.

Será una lástima pero al menos nos quedarán la Peña… y el recuerdo.

PD.: Toda la vida se le ha llamado a éste lugar Puerto de Salem (nombre que por cierto le da cierta resonancia a brujería), pero en la web de la Vuelta se le ha puesto Puerto de Beniarrés y, además, sí encuentro por internet referencias con ese nombre y no con el otro. Explicado esto, que no se me enfaden los de Salem.

Y no dejen de ver mis fotos del Puerto de Beniarrés en Flickr.
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domingo, 26 de octubre de 2008

La Feria de Todos los Santos de Cocentaina

Cocentaina es un pueblo bastante curioso del norte de la provincia de Alicante, grande sin llegar a ser ciudad, está en las faldas de la Sierra de Mariola y muy cercano a Alcoy, en una zona que quizá no tenga maravillas epatantes pero sí tiene mucho que ver y un paisaje de los más acogedores que he conocido.

Era en tiempos la cabeza de un condado, lo que hoy en día nos ha dejado un espléndido palacio medieval en el centro de su casco antiguo y un topónimo para toda la zona que rodea la villa, conocida como "el Comtat", esto es, el condado. Y probablemente de esta condición de capital de una comarca proviene también la Fira de Tots Sants, una feria que lleva celebrándose de forma prácticamente ininterrumpida desde el año 1346, ahí es nada, lo que la convierte en una de las más antiguas de España.




El acontecimiento tiene lugar todos los años alrededor del día de Todos los Santos, por ejemplo, en este 2008 es del 31 octubre al 2 de noviembre, es decir, el próximo fin de semana, así que todavía están a tiempo de visitarla, lo que les aseguró que será una experiencia bastante interesante y peculiar, ya que la Fira les llamará la atención por varias razones.

La primera es que se celebra en las propias calles del pueblo, especialmente en las de su casco antiguo, que conserva todo el sabor de su origen medieval. Así, los visitantes foráneos y los propios indígenas van paseando entre los puestos, por pequeñas y estrechas callejuelas repletas de gente y con un excelente ambiente de fiesta muy auténtico, sin artificiales y fríos recintos especiales.

La segunda es la inaudita variedad de las cosas que podemos ver: desde animales a tractores o coches, pasando por mil diferentes cosas para comer, otros tantos puestos de artesanía, bares, una zona en la que reproduce un mercado medieval...


En definitiva, la Fira da para pasar un día de lo más entretenido, comiendo cosas deliciosas y baratas en los mismos puestos callejeros y participando de un acto que lleva siglos marcando uno de los momentos cumbre del año en la localidad. Si a esto unen tener la oportunidad de contemplar en esas circunstancias excepcionales uno de los núcleos urbanos medievales mejor conservados de la Comunidad Valenciana... ¿qué más se puede pedir?

PD.: Las fotos las he tomado prestadas de la galería sobre la Fira de la web del Ayuntamiento de Cocentaina.

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