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viernes, 8 de enero de 2010

SICILIA


SICILIA

Por dimensiones esta isla Italiana, sería cuarta de Europa en extensión y la más grande del Mediterraneo (25.700 Km2). Tal vez pronto deje de ser isla, ya que se proyecta un puente en el estrecho de Messina que es la que la separa del continente italiano. Es curioso que el archipielago Maltés geograficamente es parte integrante de Sicilia e incluso políticamente perteneció a Sicilia hasta el año 1.798 cuando Malta fué ocupada por Napoleón. Históricamente no deberiamos olvidarnos de que Sicilia fué un Reino por un lado, y de que existieron dos Sicilias la insular y la continental. En 1.282 se produjo el episodio histórico de las Visperas Sicilianas, que quedaron inmortalizadas por la ópera de Verdi. Ese conflicto dividió las dos Sicilias, la continental que formaría el Reino de Nápoles y la Insular que quedaría en manos de la Corona de Aragón.


PALERMO (Palermu)


Palermo es la Capital de esta isla. Prevalecen muchos monumentos de estilo normando como su Catedral de estilo árabenormando y no hay que perderse su capilla Palentina una de las joyas de la ciudad. Aunque recorrer sus calles es recorrer una ciudad decadente con mucho encanto mediterráneo. Impresionante son sus catacumbas de los Capuchinos, un dantesco espectáculo macabro. Y por supuesto vale la pena acercarse al Teatro Massimo.


La iglésia de San Juan de los Eremitas en Palermo del siglo XII, posee cinco cúpulas árabes rojas, que son uno de los símbolos más característicos de la ciudad. Justo al lado y perteneciente al mismo edificio está su claustro. Un paseo en el silencio del lugar en pleno centro de la ajetreada ciudad de Palermo.


MONREALE (Murriali)

A tan solo unos cinco kilómetros de Palermo montaña arriba, se encuentra la ciudad de Monreale, con una población aproximada de 30.000 habitantes.
Su fama se debe a su espectacular Catedral de estilo normando y cubierto interiormente por unos espectaculares mosaicos que ocupan todas sus paredes, siendo la figura central un Cristo Pancreator.

Esta Catedral es de las más impresionantes que yo he visto y desde luego la recomiendo. De hecho se trata de uno de los mejores ejemplares arquitectonicos del arte normando en el mundo. Prueba de ello es que se han rodado innumerables películas históricas en su interior. Su exterior y en concreto su claustro es también una obra maestra, integrada por 228 columnas (todas diferentes una de otra), y todas con unos capiteles muy trabajados que en general denotan una inspiración arquitectónica árabe.

CEFALÙ (Cifalù)

Situada a unos 70 kilómetros al este de Palermo en plena costa siciliana. Es una ciudad balneario de la isla y a la que acuden numerosos turistas especialmente sicilianos e italianos. Tanto sus calles como sus playas son muy pintorescas y es una localidad muy agradable para visitarla.
La Catedral de Cefalú, fué erigida bajo el Patronazgo de Roger II de Sicilia comenzando a construirse a 1.131. De arquitectura normanda ó románico siciliano. Sus mosaicos son de los más famosos del mundo.
AGRIGENTO Y SELINUNTE (Girgenti - Silinunti)
Selinunte es una ciudad antigua griega en el sur de Sicilia en la provincia de Trapani. Selinunte es el nombre que le dieron los griegos a la antigua ciudad griega de selinus.

Este es el templo E de Selinunte, un sitio plagado de templos, para mí este es el que recomendaría visitar de todos los que visité. También visité el templo de La Concordia tal vez mas entero que este, pero el Templo E me pareció más estético y más artístico.
ÉRICE (U´Munti)

Localidad de la provincia de Trapani. Está ubicada encima de un monte de igual nombre, es de gran interés turístico tanto por sus monumentos como por la belleza de esta localidad. Está ubicado a una altura de 750 metros de altitud y que está situado a tres kilómetros de la costa con grandes vistas al Mediterraneo por un lado y al interior de la isla por el otro. Érice antiguamente se conocía como Eryx (monte).

Sus calles tienen un aspecto muy siciliano, es una experiencia recorrer las calles de la ciudad vieja de Erice para pasear en silencio sobre las piedras históricas de esta localidad. Existen dos castillos en esta localidad el de Pepoli y el de Venus.
Desde este lugar en un día claro (el día que fuí no era precisamente claro), se puede llegar a ver Tunez ó el volcan Etna.

Paseando por las calles de la ciudad antigua llegamos a la "chiesa madre" que es la iglesia de Santa Maria della Asunta del siglo XIV, levantada durante el reinado de Federico de Aragón. Posee un pórtico curioso ya que es de estilo gótico algo muy raro en Sicilia y es del año 1.426. Al lado una torre cuadrada constituye el altísimo campanario que está separado del templo.

Un agradable paseo que aunque cueste algunas curvas conseguir llegar aquí (también en verano hay un telesférico desde la cercana Trápani), vale la pena hacer.
Algunas tomas de esta localidad me recuerdan un poco a la localidad Mallorquina de Valldemossa, aunque ambos sitios son muy diferentes. Al menos en Mallorca no hay que subir tanto. Y para los que quieran visitar la isla, desde luego los animo ya que no se arrepentirán.
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sábado, 9 de mayo de 2009

La grandeza de San Pedro

Puede que San Pedro no sea la iglesia más bella de Roma, pero desde luego es la más impresionante. Y no sólo es una cuestión de tamaño, en este caso lo grande es también grandioso y, sobre todo, causa un impacto en el visitante, completamente disminuido ante las columnas, las estatuas, el Baldaquino

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Supongo que en la impresión que causa cuenta y no poco la magia del lugar, su significación religiosa, su historia. Ya he comentado en alguna ocasión anterior (hablando de Jerusalén, de dónde si no) que los lugares santos tienen un atractivo especial y en Roma, que también es ciudad santa, la mayor parte de esa fuerza se acumula en dos puntos: el Coliseo y San Pedro (bueno, y también algo en las Catacumbas).

La experiencia viajera en San Pedro empieza mucho más allá de las puertas de la basílica, si me apuran se va experimentando desde buena parte de la ciudad, en los muchos lugares en los que podemos ver a lo lejos la tremenda cúpula de Miguel Ángel, más grande que la de la catedral de Florencia si bien no más bella, según se cuenta que dijo el propio artista.

La cosa va creciendo en intensidad cuando cruzamos el Tíber y se acerca a un primer clímax al adentrarnos en la Plaza de San Pedro y vernos rodeados por la inmensa columnata de Bernini, pero incluso después entrar en la iglesia propiamente dicha sigue maravillándonos y dejándonos, literalmente, con la boca abierta.

En la nave central, orgullosamente fundidas en el suelo, unas marcas señalan la longitud que alcanzan los siguientes templos cristianos más grandes del mundo: San Pablo, en Londres; la Catedral de Sevilla… edificios enormes cuyo inicio encontraríamos unos metros en el interior de San Pedro, que los empequeñece.

La basílica romana guarda maravillosas obras de arte, barrocos sepulcros de papas cuyo nombre no recordaríamos de no ser porque están allí, bajo una inmensidad de mármol y belleza. Pero además estas obras, San Pedro tiene puntos más puramente turísticos, lugares en los que hasta el menos apasionado por el arte disfruta de las vistas o del recorrido arquitectónico.

El más espectacular de ellos es la subida a la cúpula, que se hace por el estrecho (realmente estrecho) espacio entre la techumbre exterior y la decoración interior. Por ese pequeño hueco y a través de un empinada escalera que, además, nos obliga a subir inclinados hacia un lado para adaptarnos a la curvatura de la cubierta, llegamos a la torrecilla superior desde la que observamos el impresionante panorama de la Ciudad Eterna, con la plaza de San Pedro abriéndose a nuestros pies.

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A mitad de camino habremos dejado el techo de la catedral, desde el que también podemos asomarnos a la plaza rodeados de las imponentes estatuas de antiguos santos, a menos altura (la cúpula sobrepasa los 130 metros) pero quizá en una posición que nos hace disfrutar más de los detalles.

Y en el lado contrario, bajo el nivel del suelo en lugar de sobre los techos, tumbas de santos y de papas, más mármol, más curiosidades, mucho más que ver, en suma.

Por supuesto, la visita al Vaticano (de un par de días como mínimo) debe completarse con un paseo por sus maravillosos Museos, pero de eso hablaremos otro día…
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sábado, 4 de abril de 2009

Plazas del mundo: en el corazón de la ciudad

Las calles estrechas se abren y se crea un espacio amplio, cuadrado, redondo, rectangular a veces e incluso de forma extrañamente irregular en otras ocasiones, es una plaza, centro de la vida de la ciudad en el pasado, lugares turísticos por excelencia en el presente.

Después de conocer Bruselas he reflexionado sobre como algunas ciudades se unen en nuestra memoria a su plaza o sus plazas. Y es que, además de su belleza, pareciera que por un extraño procedimiento de destilación en ellas se hubiese concentrado buena parte de lo mejor (y en ocasiones de lo peor) del carácter y el sabor de cada ciudad.

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¿Qué plazas se acumulan y dominan en mis recuerdos? Por supuesto la Grand Place, supongo que por su deslumbrante belleza y por ser la última que he conocido. Pero no es un tema solo de cercanía en el tiempo: seguro que tardaré mucho en olvidar esa imagen de los edificios iluminados reflejándose en los adoquines húmedos por la eterna lluvia, con el Ayuntamiento destacando como una inmensa catedral laica.

Roma es también ciudad de plazas, empezando por supuesto por la del Vaticano, una de las más grandes del mundo y, sin dudarlo, una de las más bellas también, pero con el aire artificial de algo que no ha sido creado precisamente para pasear o vender cosas y que hace que uno prefiera la mucho más pequeña del Campidoglio, cuya recoleta belleza es el premio justo (generoso, creo yo) que uno recibe tras el esfuerzo de subir la Cordonata.

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¿Más? Sí, mucho más: la de España que es quizá el verdadero centro de Roma, la pequeña y maravillosa plaza en la que está el Panteón, las cálidas plazoletas del Trastevere

Las de Nueva York son radicalmente diferentes y quizá sea la americana más ciudad de largas avenidas que de plazas, pero ¿qué sería de la Gran Manzana sin Times Square? Fue el primer lugar que vi de Manhattan y en ese instante saliendo del metro me di cuenta de que estaba ya irremisiblemente enamorado de esa ciudad.

La esencia de Nueva York está en Times Square, sus edificios "masivos" y sus aceras repletas, pero cuando estén allí no dejen de visitar otras dos plazas: la que forma el delicioso Bryant Park en la parte trasera de la gran Biblioteca Pública de la calle 41, con sus terrazas y las sillas en las que la gente lee, se conecta a Internet y juega al ajedrez y al backgammon; y Union Square, a la altura de la 14, donde la ciudad lanza hacia el norte su cuadrilátero de inmensas manzanas y en la que los neoyorquinos bailan, quedan y escuchan imposibles mítines políticos a favor y en contra de los más insospechados temas.

En Estambul están también las plazas, claro, pero parte de su protagonismo lo han usurpado los bazares. No obstante, la gran ciudad del Bósforo tiene la inmensa plaza que merece y de la que muy pocos lugares pueden presumir: la de Sultanahmed, con dos de las maravillas del mundo mirándose frente a frente a través de los siglos: Santa Sofía de un lado y la Mezquita Azul del otro. No creo que haya en el mundo un lugar en el que dos edificios tan bellos y tan impresionantes estén separados por una única plaza prácticamente peatonal, salir de cualquiera de ellos y caminar cinco minutos para llegar al otro será uno de los momentos mágicos que vivirán cuando visiten la antigua Constantinopla.

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Y por último (más que nada porque en algún momento hay que acabar) no muy lejos de Estambul está la ciudad que, en cierto sentido, es ella misma una plaza, es decir, un lugar en el que confluyen corrientes que llegan desde distintos puntos: Jerusalén. Pero, ¿tiene plazas la capital de Israel? Hay una en la parte nueva en la que palpita el corazón de la ciudad actual más que el de la eterna: la de Zion, siempre repleta de gente que se busca, o que sólo busca o que simplemente pasea.

Y hay dos a las que se mira todo el mundo, separadas por unos pocos metros en altura y no muchos más en distancia: la Explanada del Templo y, a su pie, el Muro de las Lamentaciones. Tampoco sé si son éstas plazas en el sentido que habitualmente le damos al término, pero estoy seguro de que su espíritu lo es, como es muchas más cosas.

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Pocas más tiene la Ciudad Vieja, algunas pequeñas hay sí, en la confluencia de varias callejas y con niños musulmanes jugando un tanto desarrapados; o en las terrazas de Barrio Judío por las que se puede pasear y en las los que juegan niños judíos, de diferente aspecto pero parecidas diversiones: a esas edades no hay tantas diferencias.

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sábado, 11 de octubre de 2008

Comer en las calles del mundo (y II)

(Este artículo es continuación de este otro)

En Roma la comida callejera está cuasi monopolizada por las pizzerías que vendían el famoso plato italiano al peso, pero lo que yo recuerdo con rotundas salivaciones "a la Homer" son las heladerías, que justificaban tarde tras tarde (no fallaba ninguna) la fama de los helados italianos en todo el mundo. Además, había algo más allá del sabor con lo que es muy difícil competir: el placer de tomarse un helado sentado a la entrada del Panteón, en las escaleras de la Plaza de España o en los asientos junto a la Fontana di Trevi, observando a los turistas y disfrutando de una tarde soleada de mayo. Si no lo han probado les garantizo que, solo por eso, valdría la pena viajar a la Ciudad Eterna.

Si pensamos en comer en París lo que nos viene a la mente son pequeños bistrós en el Barrio Latino o Montmartre, pero los puestos callejeros son también una opción y en ellos el rey es el muy francés crep, pero en dura batalla con la no menos gabacha baguette. Recuerdo a esta última de mi primer viaje a la Ciudad de la Luz, siendo poco más que un adolescente que recorría las calles más "rojas" de Montmartre con la sensación de estar haciendo algo malo y muy atrevido. Las baguettes se vendían como bocadillos de vaya usted el qué, pero fuese lo que fuese en abundancia y con el pan untado en toneladas de mantequilla, indigestas y casi peligrosas, pero he de reconocer que muy ricas.

Las crepes llegaron años después, primero en un café a la orilla del Sena, cerca de Notre Dame (la verdad es que en París los "escenarios naturales" son de primera) y más tarde, en un fin de semana romántico, en los Campos de Marte, junto a la Torre Eiffel, en un puesto callejero que, como todos los de la ciudad, estaba atendido por un inmigrante. Lo bueno de estos creps es que te los preparan en el momento, delante de tus ojos, con lo que están bastante buenos aunque las materias primas no sean, probablemente, de primera.

Y, por supuesto, pocos sitios mejores en el mundo para cenar que frente a la torre metálica parisina, con toda su iluminación encendida en una agradable noche de otoño.

En Alemania la primera opción son, por supuesto, las salchichas, casi un "plato nacional" en una gastronomía que tampoco destaca por su delicadeza. Además, hay miles de sitios de comida turca más o menos sofisticados (por lo general no demasiado sofisticados) que también pueden ser una buena idea. No obstante, como de lo turco ya hablamos en la entrega anterior hoy quiero recordar las espléndidas salchichas, servidas casi siempre sin el panecillo típico del perrito como, por otra parte, aconsejaba su tamaño imponente.

Solía haber muchas variedades entre las que elegir, especialmente si el puesto era de los grandes, más parecidos a una enorme caravana que al tenderete típico; además se acompañan de patatas fritas o incluso de algunas cosas algo más complejas y se ofrecían con otro montón de diferentes y sabrosísimas salsas.

En cuanto a los marcos incomparables... la mejor salchicha que probé fue en Berlín (que para algo es la capital, digo yo) en un enorme puesto callejero junto a la famosa Isla de los Museos del Spree y después de habernos quedado literalmente boquiabiertos por el Museo de Pérgamo.

Voy terminando y ahora hablaré del fracaso, de aquella ciudad en la que no me atreví a disfrutar de la comida callejera: El Cairo, la apasionante capital egipcia (nótese que no digo bella, no es exactamente bella aunque les recomiendo encarecidamente que no dejen de visitarla). Pero El Cairo es peligrosa, no tanto por la delincuencia que es escasa como en la mayor parte de los países árabes, como por lo que se ha dado en llamar "la maldición de los faraones": una terrible dolencia que, no obstante, se puede curar con las dosis adecuadas de Fortasec, pero que aun así puede atarnos, en un sentido casi literal, a la taza del WC (que fino lo he dicho) durante un día entero o más.

La maldición de los faraones es un mal casi inevitable, cual plaga bíblica nos atacará hagamos lo que hagamos, pero aún así debemos tomar precauciones y entre ellas las dos principales son usar agua embotellada casi hasta para ducharnos, y huir como alma que lleva el diario de toda comida que no ofrezca unas mínimas garantías, al menos para nuestros occidentales y pusilánimes ojos. De todas formas, no creo que eso les suponga un excesivo sentimiento de pérdida: si visitan algún mercado de comida de los que se encuentran por las calles cairotas, con la comida (¡incluso pescado!) expuesto a la ferocidad de los más de 40 grados a la sombra encima de una mesa de madera sin siquiera acompañarla de un poco de hielo... A uno no se le abre el apetito, la verdad.

Y ya como cierre, lo que nos queda por disfrutar: Japón (vea los mejores hoteles de Japón a los mejores precios) y sus miles de bares de sushi (soy un apasionado del sushi), de los que todo el mundo habla cuando vuelve de allí y que hemos visto en los documentales de viajes cuando hablan de el Tsukiji, el mercado mayorista de pescado de Tokio, junto al que hay, al parecer, decenas de lugares en los que probar tan exquisito manjar a precios casi de risa.

Espero poder contárselo algún día.
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miércoles, 3 de septiembre de 2008

"Chocolatee" su viaje a Turín

Si hay un mercado abierto, global y con una competencia feroz ese es el turístico, así que no es extraño que los distintos destinos se agudicen su ingenio para hacer propuestas cada día más originales que llamen la atención de los turistas e influyan en la decisión final de destino.

Y, sin duda, una de las más llamativas que he visto en los últimos tiempos es la que han puesto en marcha las autoridades de Turín y de la que me he enterado a través de Noticiasdot.com: un Chocopass que le permite degustar los productos de 23 pastelerías de la ciudad en tres días.

Resulta además, que Turín es (cosa que yo tampoco sabía) la capital gastronómica de Italia y, muy especialmente, de todo lo que se refiere a lo dulce, una de las especialidades de la ciudad nada más y nada menos que desde los tiempos de Roma, como bien explica el artículo (bastante bueno, por cierto) de Noticiasdot.com:

Turín y el Piamonte son famosos por el arte dulce desde la antigüedad, tanto que, ya Plinio (s. I), escribiendo sobre los Taurini, decía que éstos, con piñas de los abetos de los Alpes y con miel, hacían un dulce (llamado aquicelus), que puede que sea el antepasado del moderno turrón. En la larga lista de dulces en Turín hasta el siglo pasado predominaba el chocolate, definido técnicamente como combinación de cacao torrefacto y azúcar muy refinado y mezclado a la temperatura adecuada.

Y casi tan arraigada es la tradición de pastelerías y cafés en los que tomarse la bebida típica de la ciudad (a base de chocolate) y toda clase de dulces:

Gianduiotti, almendras garrapiñadas, tartas, bizcochos, helados y chocolates calientes… la mejor producción chocolatera espera al viajero en los cafés históricos y en las pastelerías de Turín y su territorio. Pralinés rellenas y tartas aromáticas, originales galletas y sabrosas bebidas… los amantes de los dulces encontrarán aquí su paraíso. Ningún otro lugar cuenta con una tradición tan enraizada, artesanos tan creativos y una pasión tan difundida por el chocolate y la repostería.

Además, el precio es más que asequible: tan sólo 15 euros por persona que garantizan que su bolsillo no lo sufrirá demasiado (y se puede comprar por internet).

Otra cosa será, me temo, lo que pueda pasar con su línea...
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jueves, 28 de agosto de 2008

Andar por el tejado de una catedral

No sé si se puede hacer en otros lugares del mundo, aunque supongo que no es demasiado común, desde luego, la única vez que he andado por el tejado de una catedral fue en el impresionante Duomo de Milán, un día nublado de hace ya demasiados años, en lo que fue mi primer viaje a Italia.

Había ido a la ciudad lombarda por motivos laborales pero conseguí reservarme día y medio, más o menos, para hacer un poco de turismo. La verdad es que eso no daba para mucho pero tampoco Milán es una ciudad italiana al uso, de esas que no se agotan en una semana de monumentos y visitas, así que en esas pocas horas sí tuve tiempo a ver lo más importante. Con una excepción: tras varios lustros cerrada al público por un complejo proceso de restauración no pude ver la Santa Cena de Leonardo Da Vinci... por adelantarme siete tristes días a la inauguración oficial.

Sí que pude ver el Castelo Sforzesco, las Galerías de Vittorio Emmanuelle y, por supuesto, la enorme catedral. Il Duomo milanés es un edificio peculiar en muchos sentidos: tiene un tamaño absolutamente descomunal (es una de las iglesias más grandes del mundo), un estilo arquitectónico tan personal como inconfundible y tardó casi 600 años en construirse, lo que probablemente constituya un récord dentro de las grandes catedrales europeas.

De mi visita, que como les digo fue hace ya demasiados años, recuerdo un interior bastante oscuro (era un día muy nublado y las vidrieras dejaban pasar poco más que un hilo de luz) que excepto por su enormidad y su altura no me llamó demasiado la atención, pero no puedo decir lo mismo de la excursión a las alturas que disfruté por el exterior.



No sé si había ascensor pero yo elegí unas tortuosas escaleras, un esfuerzo que se vio compensado más que de sobra al llegar a la cima. La Catedral es muy alta (su aguja central supera los 100 metros) así que desde su tejado se divisaba todo Milan. Lo mejor era, no obstante, el fantástico espectáculo de las decenas de estilizadas agujas que se elevan, con estatuas en su punto más alto, como desafiando desde las alturas a toda la ciudad.

Por otra parte, al rato de contemplarlas uno comprendía que las agujas y sus estatuas en realidad no se enfrentaban a la ciudad sino que hablaban con ella, con los edificios altos y modernos como el "Pirellone", o con los no tan altos y no tan modernos que ocupan la mayor parte de la ciudad y que permiten que, desde los casi cien metros del techo de la catedral, sentir el poder que representaba (y quizá aún represente) la mole de mármol que, paradójicamente, tenemos bajo nuestros pies.

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jueves, 31 de julio de 2008

Lugares Turisticos, Venecia

Lugares Turisticos, Venecia
Romántica ciudad italiana, se ubica al norte de Italia, capital de la región Veneto, considerada por muchos como una de las ciudades más bellas del mundo, recibe apelativos como “La Dominante”, “Reina del Adriático”, “Ciudad del Agua”, “Ciudad de Puentes”, entre otros. Esta ciudad se extiende a lo largo de las 118 islas que se encuentran en las aguas de la laguna Venecia, en el mar Adriático, esta laguna de agua salada se extiende desde la desembocadura del río Po hasta el río Piave, la ciudad es famosa por la existencia de sus 150 canales que sirven como carreteras y los puentes que conectan la ciudad, construidas sobre las islas de la laguna. El transporte se realiza por el agua en las lanchas taxis, conocidas como góndolas o a pie.
Venecia posee una rica historia que se demuestra en su arte y cultura plasmadas en sus principales edificios cuyo ingrediente principal es su belleza, por ejemplo el Palacio Ducal, el Puente de los Suspiros y la famosa Basílica de San Marcos. El Palacio Ducal posee salas decoradas por los más prestigiosos artistas del renacimiento y la Basílica esta adornado por mosaicos dorados y también se puede observar el retablo de oro, decorado con piedras preciosas, perlas y esmaltes de incalculable valor
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miércoles, 11 de junio de 2008

Hotel de lujo en Venecia




Palazzo Sant'Angelo sobre el canal Grande de Venecia entre el puente de Rialto y la Plaza San Marcos. Es un verdadero palacio restaurado y finamente equipado. Pequeño hotel de lujo, la habitación por dia tiene un valor 4.180 euros siempre que se reserve mínimo 3 dias.

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