
Desde primera hora la gente anda por sus calles con botellitas para recoger esas aguas que tanta fama le han dado al pueblo... La calidad y propiedades del agua de Lanjarón ha convertido a la localidad en un enclave turístico de primer orden, con numerosos hoteles y un balneario del que se tienen noticias desde 1774, cuando se menciona por primera vez por escrito las propiedades curativas de las aguas de una de sus fuentes. El Balneario de Lanjarón posee seis manantiales de aguas minero-medicinales, todas con propiedades diferentes. A la fuente de la Capuchina se puede acceder algunos días, sin pasar por taquilla, de 8.30 a 10 horas, aunque según nos explicaron sus aguas son muy fuertes y mejor tomarlas por consejo médico. Yo no sé si la tomaría: alrededor de la fuente había carteles que prohibía echar agua a las plantas...
Lanjarón cuenta con los restos de un fortín árabe, llamado "el castillo" (y cuando digo restos me refiero a verdaderas ruinas que no se parecen en nada a un castillo), levantado en una colina casi inexpugnable, pero que las tropas de Fernando el Católico destruyeron en 1490. También vimos la iglesia de la Encarnación, del siglo XVI, estilo mudéjar, y con un hermoso retablo barroco en su interior.
Pero quizá lo que más llamó mi atención fueron el barrio del Hondillo, en el que se pueden ver las viviendas tradicionales alpujarreñas, que hacen de Lanjarón un pueblo blanco, y las numerosas fuentes que se pueden encontrar por todo el pueblo y que están grabadas con versos estupendos como el "Verde que te quiero verde" o éstos también de García Lorca:
Ciprés (Agua estancada)
Chopo (Agua cristalina)
Mimbre (Agua profunda)
Corazón
(Agua de pupila)
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