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lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Un tren a casi 2.000 metros de altura? Sí… ¡Y al lado de Madrid!

Parece que últimamente me ha dado por los trenes turísticos, lástima que el presupuesto no me de para saltar del Orient Express al Transiberiano y de éste al Transcanadiense, así que me tengo que conformar con los modestos pero encantadores trenecitos que hacen viajes turísticos por los alrededores de Madrid.

Así, si hace algún tiempo les hablaba del Tren de la Fresa hoy lo que toca es el de la Naturaleza, que es como llaman ahora al que toda la vida ha sido el tren de Cotos, así, con la t en minúscula.

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Se trata de una vieja línea de ferrocarril (se empezó a construir en 1918), que sube por la sierra madrileña hasta una altura importante: nada más y nada menos que los 1.830 metros del Puerto de Cotos y, además, después de haber pasado todavía un poco más arriba por el Puerto de Navacerrada.

Ya por los felices 20 era un tren turístico: fue promovido por un grupo de excursionistas, cuando los madrileños estaban descubriendo la maravilla que tenían tan cerca y cuando “ir al monte” se estaba empezado a convertir en una actividad habitual y deseable para domingueros y deportistas capitalinos.

Luego, durante muchos años el tren dejaba a sus viajeros a tiro de piedra de la estación de Valdesquí, así que se llenaba de esquiadores; una vez cerradas las pistas por las exigencias ecológicas (ahora la zona es parte del Parque Natural de Peñalara) los vagones se llenan (no mucho) de excursionistas que van a este enclave natural.

El viaje es interesante desde varios puntos de vista: para los simples turistas es una excelente oportunidad de apreciar el impresionante paisaje de la sierra; los aficionados a los trenes, que no son pocos, disfrutarán de una línea muy peculiar, con algunas características técnicas que al parecer son prácticamente únicas en nuestro país y con un aire a cosa de otra época y un encanto muy difíciles de encontrar.

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El viaje se inicia, por cierto, en la estación de Cercedilla, una localidad de la sierra de Madrid bastante curiosa que, además, la estrecha vía atraviesa en algo que se inicia casi más como un viaje en tranvía que en tren. En cuanto sale de Cercedilla el tren se mete en el denso bosque de pinos de la Sierra de Guadarrama y va subiendo atándose a la ladera de la montaña con una curvas por las que los viejos vagones pasan despacito y chirriando como un auténtico poseso.

En el primer tramo la subida nos lleva hasta el Puerto de Navacerrada, dejando lo más interesante del paisaje a la derecha, según el sentido de la marcha: primero los valles por los que la sierra se va domando y acercando a Madrid, luego las montañas que van creciendo cubiertas de pinos y más tarde incluso alguno de los altos más conocidos de la zona: los Siete Picos, la Bola del Mundo…

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Una vez que superamos la coqueta estación del Puerto de Navacerrada un túnel bastante largo (aunque puede ser que lo crucemos muy despacio) nos lleva a la otra ladera de la montaña, la más fresca umbría ya en la provincia de Segovia.

Entonces haremos bien en cambiar de sitio y colocarnos a la izquierda en el sentido de la marcha, con lo que podremos disfrutar, siempre y cuando el espeso pinar nos lo permita, de las no menos impresionantes vistas y de los enormes bosques que parecen no tener fin. De todas formas, el placer no es sólo por el paisaje: la cercanía de los árboles, el aroma del bosque, la pureza del aire y lo lento de la marcha hacen que más que ir en tren parezca que estemos de paseo.

Y para los que no tengan bastante con el tren, no olviden que al llevar a Cotos pueden empezar algunas de las mejores excursiones a pie de la sierra madrileña, incluyendo algunas como la subida a Peñalara o, un poco menos dura, el ascenso a sus lagunas.

Eso sí, hay que hacerlas rápido que luego el tren de vuelta no estará esperándonos siempre.


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Vea mis fotos del Tren de Cotos en Flickr.
La página de la línea en la Wikipedia
.
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domingo, 24 de mayo de 2009

Viajeros al Tren... de la fresa

El Tren de la Fresa es uno de los pocos trenes turísticos que recorren España y, hasta donde yo sé, el único que se puede tomar en Madrid. Recorre la distancia entre la capital y Aranjuez, la pequeña ciudad junto al Tajo y los palacios reales, y es histórico en dos sentidos: los vagones y la locomotora son antiguos (ésta de vapor) y el trayecto se corresponde con la segunda línea férrea más antigua del país, sólo tres años posterior a la que unía Barcelona y Mataró.

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Es cierto que cualquier tren puede ser turístico si el viajero tiene ojos para apreciar el paisaje, pero esa denominación se guarda para aquellas ocasiones en las que la principal motivación del turista es el propio tren más que el paisaje o el destino.

El trayecto está pensado como una excursión de un día que permita además conocer lo más destacado de Aranjuez, así que el tren sale bastante pronto de Madrid (a las 10 de la mañana) y regresa a eso de las 18,30. Entre ambas salidas se facilita la visita al Palacio Real y una segunda a elegir entre el Museo de Falúas Reales y el Museo Taurino de la ciudad.

Otro punto curioso es que el tren parte de la antigua Estación de las Delicias, convertida hoy en Museo del Ferrocarril y un lugar interesante para los muchos amantes de este tipo de transporte. Además, la estación es por sí misma digna de ser vista, ya que es un espléndido edificio en el típico estilo metálico y grandioso de finales del S XIX en el que después se construyeron grandes y bellas estaciones como la Atocha, hoy convertida en un insípido jardín tropical, o la valenciana Estación del Norte, quizá la más bella de todas y todavía funcionando a pleno rendimiento.

Volviendo al tren de la Fresa, el viaje está amenizado por dos circunstancias principales: la primera es el propio tren, sus vagones de madera separados por plataformas metálicas abiertas en las que se ve el rápido pasar de las traveseras de la vía a nuestros pies.

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La segunda es la gran estrella de todo el tinglado, la bella y negra máquina de vapor que arrastra el tren y nos deleita con sus pitidos y su humo. Una de las cosas que aprendemos de ella es que ese método de tracción aguantó mucho más tiempo del que pensamos los que ya hemos conocido los trenes con la higiénica y metálica belleza del Talgo: la que tira del Tren de Fresa se construyó en 1952, aunque su aspecto es el de las locomotoras de vapor de toda la vida y, para los niños actuales, el de la máquina del tren que lleva a la escuela de magos de Harry Potter.

Los románticos de lo viejo sólo tenemos un pero que ponerle: en un acto de realismo y practicidad pero también de mitofobobia el combustible no es el añorado y hermosamente negro carbón, sino un gasoil mucho más limpio y que hace el viaje infinitamente más cómodo a los operarios, pero cuya combustión da un olor menos “natural” que persiste durante todo el trayecto y que nos hace pensar a veces que más que en un tren histórico vamos en un autocar viejo.

También como parte de la oferta las higiénicas azafatas que ahora vemos en los trenes se transforman en dos divertidas actrices vestidas de época (eso sí, no me pregunten de qué época) que pasan por los vagones interpretando unos simpáticos sainetillos para deleite de niños y turistas japoneses. Además, al subir dan a cada viajero una cajita de plástico con unas pocas pero deliciosas fresas, fruta típica de Aranjuez y que da nombre a todo el trayecto.

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Durante el viaje los aficionados a la fotografía como el que les escribe no tienen muchas oportunidades de sacar grandes fotos, ya que la locomotora está separada de los vagones del pasaje por un infranqueable vagón de mercancías y tampoco hay muchas curvas en las que la perspectiva facilite una buena toma.

Lo más recomendable es correr al llegar a Aranjuez y, sorteando a los muchos viajeros que se hacen fotos ante la máquina, tratar de lograr una toma interesante. La otra posibilidad es llegar a la estación con el suficiente tiempo antes de la vuelta. En ese caso y con un poco de suerte quizá pueda incluso subirse al terriblemente cálido espacio de los maquinistas, charlar con ellos y hacer que toquen el silbato para gozo de los churumbeles.

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La vuelta tiene algo de anacrónica modorra, acercándose a Madrid a través de los suburbios capitalinos que tan poco casan con el tren, que se mueve con cierta pereza y parece no querer llegar en realidad a ese lugar, estación pero también museo, en el que languidece como una curiosidad en vez de trotar por las vías.

Y finalmente bajamos de él sin darnos cuenta de que pasará mucho tiempo antes de que volvamos a viajar en tren, aunque puede que sí lo hagamos en una de esas rápidas, eficaces e insípidas moderneces que nos llevan de un sitio a otro.

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Página web del Tren de la Fresa.
Mis fotos del viaje en Flickr.
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martes, 27 de enero de 2009

TREN SERRA VERDE EXPRESS

27 de enero de 2009

TREN SERRA VERDE EXPRESS

El Tren Serra Verde Express es un tren turístico que parte de la "rodoferroviaria" (estación ferroviaria) de Curitiba, que se encutra justo detrás de la rodoviaria (estación de buses), que se encuntra sobre la Avenida Camargo y la calle Carneiro (igualmente tanto los buses como los taxis llegan hasta allí, es un punto importante de la ciudad).



Este paseo es una gran oportunidad para aquellos que se dirigen a Ilha do Mel, ya que además de acercarse hacia el lugar donde se toma la lancha para ir a la isla, disfrutan de un recorrido muy bello.

El tren parte a las 8.15 y suele haber lugar, aunque es recomendable sacarlo un día antes, aunque yo fui en pleno enero y había personas sacando pasajes en el momento pero si piensan ir un fin de semana sáquenlo con anticipación.

Las tarifas van desde la "económica" que sale unos 36 Reales (pero que suele estar agotada hasta con 5 días de anticipación, doy fé), la clase turista que sale 58 Reales (siempre precios sólo "ida") y te dan una gaseosa, unas golosinas, y el vagón cuenta con un guía turístico en portugués. después hay clases más caras hasta una que es todo un lujo pero a precios mucho mayores.

La velocidad máxima que acanza el ferrocarril es de 25 kilómetros por hora, pero no se los sufre ya que la vista es muy bonita, atravesando mucha vegetación y alcanzando por momentos los casi mil metros de altura.



De lunes a viernes en recorrido llega hasta la pintoresca ciudad de Morretes, muy colonial, y los fines de semana hasta Paranaguá (en optro posteo explicaré cuáles son las formas de llegar a Ilha do Mel). Es notable el aumento de temperatura al llegar a Morretes así que les recomiendo abordar el tren con ropa liviana, independientemente de la temperatura que haya en Curitiba (que suele ser baja).

La formación de trenes consta de 12 vagones aunque cuando viajamos nosotros desengancharon 2 porque no se había vendido (era un lunes de enero). El viaje hasta Morretes duró una tres horas. No se puede pasar de vagón en vagón y tampoco fumar, sí hay baño bastante cuidado y sí se puede caminar dentro del vagón. En el trayecto se atraviesan ríos, sierras,se observan contrucciones antiguas de a vieja compañía ferroviaria, se atraviesan puentes altos de difícil construcción.

Generalmente, no se consigue el ticket económico, así que los 58 Reales son un poco caros, pero el viaje vale la pena, el tren es cómodo y el paisaje bonito, así que creo yo que es recomendable hacerlo.

Para aquellos que quieran leer sobre Curitiba o sobre cómo llegar desde el aeropuerto hasta la estación del tren pueden leer: Curitiba (Capítulo 1) y Curitiba (Capítulo 2).

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Las fotos de este posteo fueron tomadas por Jesica Rozen y por mí en enero de 2009.

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martes, 22 de julio de 2008

El Expreso de Oriente - Europa

El Expreso de Oriente
Es una experiencia turística de alto nivel y mítica, usted se transporta a una época, vivencia la gloria adherida al tren de los reyes que es sin duda el rey de los trenes. En su recorrido actual el Expreso de Oriente une Venecia, Roma con Paris, Viena, Londres, Cracovia, Estambul y Budapest.

Expreso de Oriente
Vagones suntuosos
A bordo el servicio de hotelería es de altísimo nivel, hay salón comedor, bar, boutique, camarotes amplios en suite con ducha y sala, servicios de mozos de cordel guardas de vagón. Visite el sitio web oficial del Expreso de Oriente.

Camarotes en suite
Cabinas lujosas
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