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martes, 2 de febrero de 2010

De Palas de Rey a Arzúa o la muerte es un cuarto piso

Nuestra tercera etapa del Camino de Santiago fue, con mucho, la más dura de las cinco que hicimos, de hecho la paliza fue de tal calibre que al acabar el día y más muerto que vivo logré enfocarme en un único pensamiento positivo: "Si he superado el día de hoy esto está hecho".

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Y es que el “paseo” entre estas dos Palas de Rey y Arzúa es de 30 kilómetros de nada, es decir, cuando los días anteriores me sentía morir al final de los 25 que veníamos recorriendo todavía me quedaban otros 5.000 metros de “diversión a gogó”.

Hay que añadir, además, que la etapa no sólo era más dura por su longitud, sino que tenía un perfil mucho más abrupto que las anteriores, es decir, las subidas y las bajadas eran constantes y las piernas sufrían lo suyo, especialmente las rodillas, que me amargaban sobre todo a la hora de descender hasta que, en un rapto de racionalidad y por 12 euros de nada, me compré una rodillera que me alivió bastante y que se convirtió en compañera inseparable el resto del camino.

Lo peor, no obstante, no fue eso sino llegar a Arzúa y descubrir, sobrecogido de espanto y dolor, que la pensionzucha en la que dimos a parar estaba arteramente situada en un cuarto piso sin ascensor: las escenas de James Stewart subiendo el campanario de la misión en Vértigo, una auténtica nadería comparado con lo que pasé yo allí.



Además, tampoco el paisaje durante el día fue tan espectacular como en los anteriores, aunque por supuesto siguió habiendo rincones preciosos y encantadores tramos de bosque en los que, eso sí, el eucalipto empezaba a acaparar por completo el protagonismo frente a los bosques de roble y castaño por los que habíamos pasado antes.

Y aunque me está saliendo el post un tanto quejoso, hay que decir que no todo estuvo tan mal, al menos la comida fue excelente en el ruidoso y un tanto destartalado Mesón Ezequiel de Melide, con un pulpo difícil de olvidar que ingerimos en las cantidades industriales que la ocasión requería.

Además, y para mi placentera sorpresa el dolor que el día anterior me había machacado el tobillo prácticamente desapareció durante esta tercera etapa, pasando a ser sustituido, eso sí, por una tortura generalizada desde los pies hasta el pelo que se agudizaba al descansar un rato y que me hacía dar los primeros pasos tras cada parada al más puro, marcial y heroico estilo Chiquito de la Calzada. Una elegancia british de anuncio de Burberry que ya no abandoné hasta dos o tres días después de acabar.

Por otra parte, el día terminó con las primeras gotas del Camino cayendo justo cuando llegamos a Arzúa, donde nos salvamos del chaparrón por unos minutos. De alguna forma el tiempo nos quiso decir de que ya habíamos andado tres días bajo un sol primaveral y era hora de recordarnos que estábamos en Galicia… y de avisarnos de lo que se nos venía encima en lo que nos quedaba.
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jueves, 21 de mayo de 2009

Hoteles de pesadilla

Una de las mayores utilidades de Tripadvisor, la interesante página de viajes de la que ya les he hablado alguna vez, no es tanto saber a qué hotel vamos a ir como descubrir aquellos que no debemos visitar bajo ningún concepto.

Y es que hay establecimientos hoteleros que en vez del prometido descanso, del relax y el placer playero que buscamos en unas vacaciones nos ofrecen noches de auténtica pesadilla en las que puede que no nos encontremos a Anthony Perkins con un cuchillo jamonero en la ducha, pero sí otras cosas casi tan desagradables en los baños.

Así, en el último boletín de Tripadvisor nos cuentas unas cuantas películas de miedo que tienen como “escenarios naturales” hoteles de todo el mundo. Además, son historias que reúnen prácticamente todo, es decir, cuando la higiene deja bastante que desear eso no suele compensarse con el desayuno y el trato personal ni puede definirse con términos como “profesionalidad” o “amabilidad”.

Hay horrores de lo más variado: unos turistas en Bali se encontraron un ratón nadando tranquilamente en el váter, además se quejan de que el desayuno era un desastre y “el bacon no sabía a bacon”. Afortunadamente para ellos, no han llegado a establecer una posible relación entre ambos hechos.

Otro turista, de forma un tanto injusta creo yo, critica a un hotel de Nueva York porque en mitad de la noche el techo del establecimiento voló literalmente y el hotel se inundó por completo, incluida su habitación. Hombre, yo creo que culpar al hotel de las catástrofes naturales no es justo…

Los pubs irlandeses son algo encantador y uno de los reclamos turísticos de la verde Eire, pero la cosa pierde guasa cuando tienes uno justo debajo de tu habitación y el ruido es insoportable hasta las dos de la madrugada, hora en la que toman el relevo los vecinos con un extraño ataque de locura. El colofón perfecto: que la mujer de la limpieza te eche de la habitación a las 11 de la mañana después de dormir cuatro horas escasas.

Hay historias menos espectaculares pero que no dejaron de fastidiarle las vacaciones a alguien, como al crédulo turista que reservó una habitación “con vistas al océano” y resultó que tenía unas espléndidas vistas… a una autovía.

Personalmente, no recuerdo grandes traumas en mis experiencias hoteleras, con la excepción de una noche que pasé en un hostal de mala muerte en la costa catalana por motivos que no vienen al caso. La cama era de una calidad tal que no habría podido descansar ni la momia de Ramsés II, pero lo peor no fue eso sino que mi compañero de habitación, un familiar por el que guardo un fuerte aprecio, no se mostró muy de acuerdo con mi apreciación sobre la comodidad de los colchones y decidió llevar el ronquido a una nueva frontera, convertirlo en deporte olímpico o vaya usted a saber qué (pero aquello tenía que tener un propósito).

Para más INRI, ese mismo día había hecho un viaje bastante largo, había asistido a un acontecimiento social agotador y la temperatura rondaba los 40 grados con una bonita humedad, es decir, estaba roto.

No dormí absolutamente nada y ya cansado de dar vueltas decidí que me levantaría a las siete de la mañana y me iría a desayunar. Ya fuese por la ley de Murphy o porque ya no quedaban más plusmarcas de ronquidos que atacar, mi compañero de habitación decidió entrar en un profundo silencio justo a las 6:55.

Creo que nunca me he sentido tan desgraciado. Por supuesto, ya fui incapaz de dormir.

Pero ustedes no se preocupen, la última vez que pasé por allí aquel infecto local ya había cerrado, supongo que no pudieron resistir los ronquidos.
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lunes, 27 de abril de 2009

Las playas no son para el verano

Aquellos que lean con cierta asiduidad este blog sabrán que, por decirlo de alguna forma, soy un tanto “rarito” en mis preferencias viajeras; así que tampoco les extrañará tanto que les diga que me gustan las playas, sí, pero no en verano.

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Les cuento esto porque, por motivos que poco o nada han tenido que ver con el turismo, este fin de semana he estado en la playa de Gandía, y he de decir que en estos días fuera de temporada, resulta un lugar muy interesante, relajante, con un toque de agradable abandono, sin los agobios y los amontonamientos propios del verano.

Así, aun sin poder bañarse, tienes la sensación de que todo el mar está a tu disposición, y paseas por la arena prácticamente sólo, viendo corretear libremente a tu niña (caso de tenerla) sin tener que preocuparte de que llene de arena a alguna osada vieja en topless o de que pase por encima del castillo de arena de otro pequeñín.

Además, también están confortablemente vacías y desiertas las pequeñas ciudades (algunas no tan pequeñas) que se han construido alrededor de las playas, con sus edificios altos de apartamentos, sus locales de venta de bikinis, sus restaurantes de bufet libre y sus diversas atracciones para los turistas (que no es lo mismo que atracciones turísticas).

No hay muchos bares y restaurantes abiertos, pero suelen ser los mejores, aquellos que no viven sólo de la avalancha veraniega y, además, hay sitio para comer, cenar o, simplemente, tomar una cerveza o un café frente al mar.

Por supuesto reina un silencio agradable, casi mágico, que no pueden romper los pocos coches y que permite que el sonido de las olas meza nuestro sueño como si durmiésemos a diez metros del mar. No hay cuadrillas de borrachos, ni tuneros con el subhúfer a toda mecha que nos sobresalten en plena noche o en la hora sagrada de la siesta, ni hay karaokes o terrazas musicales y, por no haber, ni siquiera está la mujer que llama a gritos a Jéeeeeeesssssiiiiicaaaaaaaa.

Ya sé que por todo esto se paga un precio que para algunos es alto, casi insoportable: no puedes bañarte en el mar (o, al menos, tienes que ser un auténtico valiente para hacerlo) y tampoco suele ser el momento propicio para tostarse al sol. Ambas son actividades respetables e incluso puedo llegar a practicar la primera en determinados momentos (la segunda jamás), pero he de decirles que en la mayoría de las ocasiones eso no me compensa por los agobios, los ruidos y los calores de la playa veraniega.

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Por último, sólo en esas circunstancias es posible sacar fotos decentes del mar, sin la marea humana que impide ver otra cosa que un amontonamiento de sombrillas y cuerpos sudorosos. Y sobre los cuerpos, no se engañen, aunque nos pueda parecer lo contrario porque tendemos a autoengañarnos las garotas de Ipanema (o los garotos, ustedes ya me entienden) son una minoría en un ambiente fofo, peludo y celulítico.

Así que al final, si es sólo por eso, tampoco vale la pena.
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jueves, 5 de marzo de 2009

Lo malo no es que nos hagan pagar por usar el baño del avión...

Lo malo sería necesitarlo y quedarse sin cambio, como en este profético anuncio de los años 80:



Supongo que habrá llegado a sus oídos la polémica surgida después de que el no menos polémico presidente de Ryanair comentase que estaban pensando en poner un precio al uso de los cuartos de baño en sus aviones. Todo el mundo parece apostar por que se trata de una boutade de Michael O'Leary que de esa forma busca algo de presencia en los medios.

Por otra parte, además de no demasiado popular no creo que la medida fuese en exceso efectiva ya que quizá menos usuarios entraban en los baños pero, como decía con buen humor un compañero de trabajo: "Yo pago, pero le dejo el servicio fino, vamos...". Así que al final seguirían teniendo que limpiar bastante :-).

Volviendo al anuncio, es curioso como adelantó, despreciándolo, una parte importante del futuro de la aviación: habla de "compañías que reducen sus tarifas pero que, desafortunadamente, no es lo único que reducen"; y se preguntan: "¿Qué será lo próximo?".

Por cierto, casualmente si no ocurre nada la semana próxima volaré con Ryanair, así que ya les contaré qué tal es la experiencia.

PD.: A todo esto, si se le da al baño el uso que tenía en una tórrida escena de la maravillosa Ricas y famosas... ¿habrá que pagar más?

Vía Gadling.
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domingo, 21 de septiembre de 2008

La pasión otomana o el hotel de los líos

Esto no es una noticia esencialmente turística, pero me ha parecido muy divertido descubrir como la pasión turca que relataban el cursi de Antonio Gala y la posterior película perpetrada por Ana Belén (gracias sean dadas a Alá porque ambos hayan pasado ya de moda) tenía poco menos que su epicentro en un pequeño hotel de la costa turca cuyo responsable ha tenido que despedir a todo su personal masculino porque estaban continuamente liándose con las huéspedes extranjeras, especialmente con las inglesas.

Se ve que la cosa venía de lejos, tal y como cuenta el director: "En los últimos años he visto un montón de veces a nuestros empleados pasando el tiempo con las huéspedes en lugar de haciendo su trabajo, incluso en horas como la medianoche o a primera de la mañana". Pero todo tiene su límite: "La gota que colmó el vaso fue cuando vi a nuestro camarero, un hombre muy decente, salir del baño con una turista británica".

Actualmente, todos los servicios del hotel los ofrecen empleadas femeninas, por el momento se desconoce si se mantienen las mismas cifras de ocupación.

La noticia es del Daily Mail y en España la han reproducido, que yo sepa, Noticiasdot.com y Rioja2.com, el segundo muy bien titulada, por cierto.
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miércoles, 16 de julio de 2008

Un poco de humor sobre las low cost

Lo hace hoy, con mucha guasa, Forges en su viñeta de El País:


Un poco exagerado, vale, pero es que es un chiste (y tampoco exagera tanto).
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