sábado, 15 de agosto de 2009

Omotesando

Tokyo es, indudablemente, una de las capitales mundiales de la arquitectura contemporánea. Hacer una revisión del Tokyo arquitectónico sería muy trabajoso, no sólo por sus construcciones más emblemáticas, productos de arquitectos de conocido prestigio, sino por los innumerables espacios de pequeña escala que aparecen de entre los grandes edificios, como resultado de la reconstrucción de una ciudad devastada hace poco más de medio siglo. Podemos, sin embargo, prestar especial atención a ciertos enclaves muy representativos, como es la famosa calle Omotesando. Denominada también “Los campos Elíseos” por su similitud con el conocido bulevar parisino, Omotesando alberga varias de las tiendas de moda más exclusivas de la ciudad. Acorde con el feroz consumismo nipón, las grandes marcas se han esforzado al máximo por hacer gala de su presencia, encargando el diseño de sus tiendas a famosos arquitectos de la escena actual, llevando la arquitectura a su máximo componente representativo. La “brand architecture”, o arquitectura de marca, ha colonizado todos los intersticios libres del bulevar convirtiendo esta calle en una de las más caras del mundo en lo que al precio del suelo respecta.

En nuestro recorrido nos encontraremos primero con el GYRE, un lujoso centro comercial obra del estudio holandés MVRDV . El edificio se conforma de varias plantas dispuestas giradas una con respecto a la otra (de ahí su nombre) de manera que el viandante puede “escalar” el edificio accediendo a las sucesivas terrazas. Desde éstas, podemos admirar la presencia del edificio para Dior proyectado por SANAA, el estudio japonés resultado de la fusión entre Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa; el estudiado diseño de la fachada, formada por piezas de vidrio especialmente proyectadas y fabricadas para la ocasión, evocan la caída de los vestidos, provocando una sensación de vaporosidad que encaja perfectamente con la elegancia de la marca. Más adelante nos encontramos con Omotesando Hills, el centro comercial diseñado por Tadao Ando, y que cuenta con una cubierta verde desde la cual se puede apreciar la belleza de los zelkovas (olmos chinos) que pueblan el bulevar. A continuación se encuentra la sede de Louis Vuitton que el arquitecto Jun Aoki ha proyectado para esta marca de especial repercusión en Asia. Hacia el exterior el edificio se presenta como una serie de contenedores apilados forrados de malla metálica e iluminados desde el interior, cuya piel está diseñada para reflejar las ramas de los árboles del bulevar, en un intento de mimetizarse con el entorno. Así mismo, la construcción que el conocido arquitecto japonés Toyo Ito diseñó para la firma Tod’s nos sorprende, unos metros más adelante, con su alarde constructivo al imitar las ramas de los árboles en su empeño por estrecharse en su ramificación. El resultado es una sorprendente fachada de carácter portante plagada de vanos irregulares (y diferentes entre sí) que supuso todo un reto en obra. La sede de la marca One se presenta al espectador como un gran muro cortina protegido por una subestructura de lamas de madera verticales. La intención del arquitecto, Kengo Kuma, era la de, una vez más, establecer un diálogo entre la madera de la fachada y la línea de zelkovas del bulevar. Además, en este caso, las lamas reducen el impacto solar en el edificio, con su consecuente ahorro energético.

Al cruzar Aoyama Dori nos encontraremos con la tienda Comme des Garçons, diseñada por el estudio británico Future Systems. Las dos losas de hormigón de un edificio preexistentes se atan con dos paños de vidrio curvo e inclinado conformando la entrada. Al vidrio se adosa una capa translúcida de puntos azules que actúa de filtro entre el interior y el exterior. Por último, al final de la calle, “crece” del suelo la espectacular sede de Prada diseñada por los arquitectos suizos Herzog & De Meuron. El diseño del envoltorio del edificio, como si de un caramelo se tratara, es invariable tanto para los paños verticales como para el remate superior, y se compone de piezas romboidales de fiberglass de diferente concavidad y convexidad que provocan un efecto de vibración muy interesante. Estas diferentes geometrías generan reflexiones facetadas que permiten a los espectadores ver figuras en constante cambio, además de perspectivas de los productos de Prada, de la ciudad y de sí mismo.

Al término del recorrido, y si esta muestra de arquitectura contemporánea nos ha sobrepasado, siempre podemos adentrarnos en las pequeñas callejuelas traseras a Omotesando, en donde es posible admirar ejemplos de auténtica arquitectura arquetípica japonesa, con viviendas de pequeña escala y modestas intenciones, no por ello menos valiosas.









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