
Resulta además, que Turín es (cosa que yo tampoco sabía) la capital gastronómica de Italia y, muy especialmente, de todo lo que se refiere a lo dulce, una de las especialidades de la ciudad nada más y nada menos que desde los tiempos de Roma, como bien explica el artículo (bastante bueno, por cierto) de Noticiasdot.com:
Turín y el Piamonte son famosos por el arte dulce desde la antigüedad, tanto que, ya Plinio (s. I), escribiendo sobre los Taurini, decía que éstos, con piñas de los abetos de los Alpes y con miel, hacían un dulce (llamado aquicelus), que puede que sea el antepasado del moderno turrón. En la larga lista de dulces en Turín hasta el siglo pasado predominaba el chocolate, definido técnicamente como combinación de cacao torrefacto y azúcar muy refinado y mezclado a la temperatura adecuada.
Y casi tan arraigada es la tradición de pastelerías y cafés en los que tomarse la bebida típica de la ciudad (a base de chocolate) y toda clase de dulces:
Gianduiotti, almendras garrapiñadas, tartas, bizcochos, helados y chocolates calientes… la mejor producción chocolatera espera al viajero en los cafés históricos y en las pastelerías de Turín y su territorio. Pralinés rellenas y tartas aromáticas, originales galletas y sabrosas bebidas… los amantes de los dulces encontrarán aquí su paraíso. Ningún otro lugar cuenta con una tradición tan enraizada, artesanos tan creativos y una pasión tan difundida por el chocolate y la repostería.
Además, el precio es más que asequible: tan sólo 15 euros por persona que garantizan que su bolsillo no lo sufrirá demasiado (y se puede comprar por internet).
Otra cosa será, me temo, lo que pueda pasar con su línea...
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