Parece ser que se ha despertado una
viva polémica en Sicilia porque el gobierno regional ha propuesto que los monumentos con atractivo turístico de la isla
se arrienden a empresas privadas para que éstas los conserven y los gestionen; a cambio, las compañías pagarían un "alquiler", se comprometerían a conservar los lugares y realizarían también otro tipo de
inversiones en infraestructuras turísticas como hoteles, helipuertos o incluso carreteras.

La propuesta, que todavía tiene que debatirse en la cámara regional, es bastante ambiciosa, y podría afectar a monumentos como el
Valle de los Templos de Agrigento, declarado por la Unesco
Patrimonio de la Humanidad en 1998, el
teatro griego de Siracusa o el romano de
Taormina, entre otros.
Como siempre que se pronuncia la palabra "privatización" hay un montón de personas a las que
les parece una herejía; mi opinión es, como podrán imaginarse los que me conozcan por
mi otro blog, más bien la opuesta. Y lo es por varias razones que procuraré explicar ahora.
La primera es que estoy radicalmente
en contra de que la cultura sea "gratis total", el precio de las cosas es una parte importante del valor que les damos al usarlas, y lo que es gratuito se valora póbremente, no nos damos cuenta de la importancia de el
Museo del Prado si podemos entrar en él como en un garito de copas. Además, hoy en día la gente está dispuesta a gastarse el dinero en mil chorradas varias y sin percibirlas como caras (pongamos por ejemplo el dinero que se ha generado alrededor del
Chiki Chiki), así que no está de más que se rasquen un poco el bolsillo si quieren ver
Las Meninas o un templo griego.
También me parece que es radicalmente injusto que entre todos paguemos una serie de equipamientos culturales que
sólo unos cuantos usamos, es decir, si alguien no va a ir al Prado en su vida (sí, vaya estupidez, pero allá él) no veo por qué tiene que contribuir a su mantenimiento a base de impuestos. De acuerdo, hay un
patrimonio cultural y un valor turístico que es necesario preservar, pero un monumento bien gestionado puede ser una fábrica de dinero y autofinanciarse sin que el contribuyente se tenga que rascar el bolsillo.

La gestión privada de un monumento o museo (o de cualquier otra cosa) suele ser más eficaz que la pública, en la propia Italia pude ver cómo lugares públicos como
el Foro o el Coliseo tenían una hermosa cantidad de basuras en su interior, mientras que en los privados (principalmente las iglesias) se podían comer sopas en el suelo, como decía aquel. En España el
Teatro Romano de Sagunto es
un buen ejemplo de las barrabasadas que pueden llegar a hacerse con un monumento si cae en las sucias manos del estado y pasa por allí un político cabrón, con perdón.
Si se hace de manera adecuada la gestión privada de un monumento puede tener
varias ventajas: se genera dinero más allá de que la temporada turística sea más o menos exitosa, puede servir para la creación de infraestructuras (y, por tanto, de
puestos de trabajo) y, lo que probablemente sea lo que más nos miedo nos de, mientras el negocio de una empresa dependa de las visitas a un monumento es lógico pensar que se preocupará de que éste se mantenga en
un estado de conservación óptimo. Y, en cualquier caso, para eso están los pliegos de condiciones de los contratos.
En resumen, si confiamos la inmensa mayor parte de nuestros viajes al
buen hacer de compañías privadas que son expertas en satisfacernos (aerolíneas, turoperadores, hoteles, restaurantes...) no veo por qué no lo vamos a hacer con nuestros monumentos.
PD.: Una
interesante anotación en Diarío del Viajero habla hoy del deplorable estado en el que, por lo visto, se encuentran los restos de Pompeya. Parece que, efectivamente, la protección del estado no es precisamente muy eficaz. La noticia
ha aparecido en 20minutos.
Sobre las fotos: La primera imagen es del Teatro Griego de Siracusa y
ha sido tomada de esta página. La segunda es del Teatro Romano de Sagunto antes y después de su "restauración" y es
de esta página. Gracias a ambas.